El 50% de los casos de cáncer de testículo se diagnostica entre los 20 y 35 años

Canal: Cáncer

El cáncer de testículo, si se detecta a tiempo, suele tener un buen pronóstico. Te explicamos sus principales síntomas, cómo se diagnostica y cómo se trata.

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Enfermedades y patologías relacionadas: Cáncer de testículo

Cada año se diagnostican en el mundo 49.000 nuevos casos de cáncer de testículo, de los cuales 823 corresponden a España. Pese a su baja prevalencia, 0,5-1,5 % de los tumores del sexo masculino, el número de pacientes que padecen esta patología se ha incrementado en los últimos 50 años. Con el objetivo de informar acerca del diagnóstico, tratamientos e implementación de medidas de prevención de este tumor masculino, el Hospital Universitario Fundación Jiménez DíazGrupo Quirónsalud ha celebrado la I jornada, pionera en España, “Conoce el Tumor de Testículo. Aprende a explorarte y a prevenir”.  

La doctora Ana María Autrán-Gómez, médico adjunto del Servicio de Urología, miembro de la Unidad de Uro Oncología del Hospital Fundación Jiménez Díaz y una de las coordinadoras de la jornada, explica que “se trata de un tumor que afecta a los jóvenes. Cerca del 50% de los casos se diagnostican entre los 20 y 35 años. Se desarrolla en uno o ambos testículos. En torno al 90-95% de estos tumores proviene de las llamadas “Células Germinales” y existen dos variantes: Seminoma y No Seminoma. Los tumores de tipo Seminomatoso, se presentan alrededor de los 30-35 años; los No Seminomatosos, una década antes, entre los 15-35 años. El 10% de los casos, se diagnostican por encima de los 50 años”.

Factores de riesgo del cáncer de testículo

  • Criptorquidismo
  • Historia familiar de cáncer testicular
  • Presencia de tumor testicular contralateral

Síntomas del cáncer de testículo

  • Dolor escrotal: puede presentarse como primer síntoma entre el 20-27% de los casos.
  • Crecimiento de las glándulas mamarias: en pacientes con tumor testicular de tipo No Seminomatoso pueden tener, hasta en el 7% de los casos, ginecomastia.
  • Orquiepididimitis.
  • Masa testicular: el paciente se percata de la presencia de una masa testicular, no dolorosa, que se descubre, la mayoría de las veces, como hallazgo incidental en una ecografía como prueba de rutina.

Diagnóstico del cáncer de testículo

  • Exploración física: es el primer paso y el objetivo es detectar la presencia de una posible protuberancia en el testículo, su tamaño y localización. También se deberá de examinar detenidamente el abdomen y los ganglios a nivel supraclavicular, en busca de cualquier signo de que el probable tumor se haya propagado.  
  • Ecografía testicular: constituye la siguiente herramienta diagnóstica.
  • Analítica: la determinación de ciertas proteínas en sangre, llamados marcadores, pueden ayudar al diagnóstico ya que el tumor testicular segrega altos niveles de dichas proteínas. Por ejemplo: alfa-fetoproteina (AFP), gonadotropina coriónica humana (hCG) y una enzima llamada lactato deshidrogenasa (lactate dehydrogenase, LDH).
  • Resonancia magnética nuclear (RMN) de testículo: ofrece mayor sensibilidad y especificidad en la detección de potenciales tumores que la ecografía.

Su baja incidencia va unida a su buen pronóstico, siempre y cuando se detecte a tiempo. En un estadio temprano, en ausencia de extensión de la enfermedad, la probabilidad de supervivencia es casi del 100%. Gracias a la detección temprana e implementación de nuevos tratamientos, solo 1 de cada 5.000 hombres morirán por esta causa.

Cirugía para extirpar el tumor

A pesar de que a menudo es posible obtener un posible diagnóstico de la enfermedad gracias a los estudios de imagen y marcadores tumorales en sangre, la doctora Autrán-Gómez advierte de que “en lugar de realizar una biopsia como sucede en otros tipos de cáncer, en la mayor parte de los casos se indica una cirugía, orquiectomía, para extirpar el tumor tan pronto como sea posible. La intervención debe realizarse por medio de una incisión por vía inguinal extirpando el testículo en su totalidad, junto con el tumor y cordón espermático, el cual contiene parte de los conductos deferentes y vasos sanguíneos que pueden actuar como vía para que el tumor se propague al resto del cuerpo”.

Una vez el patólogo examine el tumor, continúa la experta, “se le pondrá ‘nombre y apellido’, que serán cruciales para determinar el pronóstico de la enfermedad y los eventuales tratamientos oncológicos, como quimioterapia o mediante estudios de imagen seriales (TAC tórax abdomen y pelvis), RMN, radiografías de tórax y marcadores tumorales en sangre”.

En las últimas décadas, gracias a los avances biotecnológicos y la investigación de nuevas moléculas, se han desarrollado fármacos que han permitido mejorar la respuesta y tolerabilidad a los tratamientos quimioterápicos. Las líneas de investigación en esta área, se encuentran dirigidas al desarrollo de nuevos biomarcadores que permitan optimizar el diagnóstico y seguimiento.

En primera persona

La jornada ha contado con el testimonio de Javier Castaño Pérez, matador de toros, y Yeray Álvarez López, futbolista del Athletic de Bilbao y la Selección Nacional Sub-21. Ambos compartieron su experiencia personal y animaron a la detección precoz.

El futbolista explicó que “a principios de diciembre de 2016 noté una molestia en un testículo, el 21 de ese mes teníamos un partido contra el Racing de Santander, pero no me convocaron y justo al día siguiente me hicieron las pruebas. Nunca esperas que te puedan dar esa noticia y escuchar con solo 22 años que tienes cáncer y te van a extirpar un testículo, lo cual me produjo un sentimiento de miedo y vergüenza. A pesar del golpe, nunca me faltó el apoyo de personas del mundo del deporte que me han arropado y me centré en mi familia. El cuatro de enero de este año recibí la noticia de que no necesitaba quimioterapia y a las dos semanas ya estaba de nuevo en el terreno de juego”.

Por su parte, Javier Castaño relata que “nunca crees que detrás de un dolor repentino en el bajo vientre que achaqué al frío se escondiera un cáncer de testículo. Una vez me hicieron las pruebas y tuve el diagnóstico, pasé por el quirófano, recibí quimioterapia y, a pesar de las secuelas, lo que me hizo tirar para adelante fue mi familia y mi profesión. La enfermedad hace mella en la cabeza y yo estaba acostumbrado al miedo que genera el toro, pero no al del cáncer que te invade de incertidumbre y no sabes qué va a pasar. Sacaba fuerzas pensando en aparecer en la Feria de Abril de Sevilla del año pasado y mi mejor medicina fue cuando el 30 de marzo me comunicaron que ya me había curado y pude torear de nuevo”.

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