Dormir por salud

La sociedad actual desprecia el sueño por considerarlo una pérdida de tiempo. Los expertos lamentan este modo de pensar y advierten que dormir un número de horas determinadas puede evitar múltiples problemas físicos y psíquicos. Un adulto debe dormir una media de ocho horas y los niños hasta los 14 años unas diez.

Enfermedades y patologías relacionadas: Insomnio, General

Dormir pocas horas acaba pasando factura. Así de claro lo han dejado los expertos que han acudido a la Reunión Anual de la Asociación Ibérica de Patología del Sueño celebrada en Zaragoza. Este encuentro ha prestado especial atención a las consecuencias derivadas de la falta de sueño, centrándose especialmente en los problemas que puede reportar a los más pequeños.

Que un menor duerma menos horas de las recomendadas puede acarrearle, entre otras cosas, pérdidas en su capacidad intelectual, problemas de estudio, de memoria, e incluso de puntos de coeficiente intelectual. Así lo explica el doctor David Gozal, experto en trastornos del sueño, y añade que los niños con carencias de sueño pueden incrementar las posibilidades de sufrir mayores y prematuros problemas cardiovasculares, así como trastornos en el comportamiento.

En muchos casos, la falta de sueño en los niños, el hecho de que aún estén despiertos a altas horas de la noche y no muestren síntomas de cansancio, puede conducir a los médicos de familia y pediatras a confundir los síntomas y hablar de hiperactividad, “cuando realmente su problema estriba en el trastorno del sueño”, apunta el doctor Gozal, que hace un llamamiento a “aumentar la sensibilidad de los médicos y pediatras”, ya que, “es inconcebible que un especialista de la salud no pregunte a sus pacientes sobre algo que ocupa entre ocho y doce horas al día de su tiempo” y que es el sueño.

Los niños, según su edad, deben dormir un número determinado de horas. El doctor Eduard Estivill, experto del Instituto Dexeus de Barcelona, recomienda que los menores entre seis meses y cinco años duerman un mínimo de 11 horas seguidas y que durante el resto del día hagan varias siestas. Más adelante, entre los cuatro y los cinco años se pueden suprimir las siestas, pero el número de horas de sueño debe ser el mismo. A partir de los seis años, estas horas se pueden reducir un poco, pero nunca por debajo de diez, y un preadolescente (13 o 14 años) debe dormir una media de nueves horas.

Estas horas de sueño recomendables “están muy lejos de cumplirse”, según Estivill, que apunta otro problema a la hora de animar al sueño a los más pequeños: la televisión. Para este experto, los programas o espacios familiares como Operación Triunfo o Gran Hermano, capaces de movilizar a públicos de todas las edades, privan a los niños del sueño al emitirse entre las ocho y media y las doce de la noche.

Trastornos del sueño

Los españoles son los ciudadanos de la Unión Europea que menos duermen. Existen estudios que apuntan que los españoles, debido a sus hábitos de trabajo, no se acuestan hasta pasadas las 12 de la noche, mientras que mantienen la misma hora de levantarse que en Europa, lo que conduce a dormir una media aproximada de unos 45 minutos menos.

Además, la conciencia laboral actual lleva a concebir el sueño como una pérdida de tiempo. Acacia Aguirre, especialista de una consultoría de trastornos del sueño en Massachussets, lamenta este modo de pensar, pues dormir las horas de sueño recomendadas “es un modo de conseguir calidad de vida”.

De los 13 millones de españoles que padecen ocasionalmente insomnio, el 60 por ciento son mujeres y el 40 por ciento hombres. Su media de edad se encuentra entre los 30 y los 35 años, aunque las alteraciones del sueño en general aumentan conforme aumenta la edad de la persona.

Cuando hay privación de sueño la gente se vuelve más irritable, reprimida y tiene más problemas en temas de salud, relaciones sociales y productividad laboral, puntualiza Aguirre. Además, la falta de sueño acarrea un amplio abanico de problemas que va desde trastornos gastro-intestinales, cardíacos y de alimentación, a la dependencia a fármacos, trastornos psiquiátricos, problemas familiares, mayor índice de abortos en las mujeres y menor fecundidad.

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