¿Depresiva en potencia?

La depresión y la ansiedad son las principales enfermedades relacionadas con la discapacidad de la mujer en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ser mujer, tener un nivel socioeconómico bajo, o haber sido víctima de abusos en la infancia o etapas posteriores, son algunos de los factores de riesgo. La relación entre estrógenos y serotonina, junto con los factores individuales de la mujer, explican la mayor prevalencia de la depresión en mujeres que en hombres.

Enfermedades y patologías relacionadas: Depresión, General

La frecuencia de ansiedad y depresión en las mujeres “es el doble que en el hombre desde la pubertad hasta la mediana edad”, explica la profesora Donna Stewart, presidenta de la Asociación Internacional para la Salud de la Mujer de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Según datos de la OMS (en The WHO Global Burden of Disease Report), la depresión y la ansiedad son las principales enfermedades relacionadas con la discapacidad de la mujer en el mundo.

La relación que existe entre los estrógenos -una de las hormonas femeninas- y la síntesis de la serotonina -un neurotransmisor implicado en numerosos problemas psiquiátricos como la depresión- explica la aparición de este tipo de problemas asociados a los ciclos reproductivos en la mujer. Así, en cada ciclo, en el que hay un descenso de la producción de estrógenos, aumenta el riesgo de padecer algún tipo de trastorno depresivo. Esta relación entre los estrógenos y la serotonina, junto con los factores individuales y sociales de la mujer, explican la mayor prevalencia de la depresión en mujeres que en hombres.

La profesora Stewart, ante la situación de la salud mental de la mujer en el mundo y las características especiales, tanto desde el punto de vista biológico como de género, de la depresión en la mujer, considera fundamental incrementar los esfuerzos en investigación sobre estos trastornos en la población femenina, “especialmente sobre aquellos apartados que sirvan para ayudar a prevenir la depresión y promover la capacidad de recuperación de las pacientes”.

Salud mental, diferencias de género y mujer

El Consenso Internacional sobre Salud de la Mujer, elaborado hace un año por la Sociedad Mundial de Psiquiatría y refrendado por la Organización Mundial de la Salud y diferentes sociedades relacionadas con la salud mental, apunta la necesidad de prestar una atención especial a las diferencias entre el hombre y la mujer a la hora de abordar las enfermedades mentales. De hecho, el Consenso afirma que la salud mental de la mujer debe ser considerada dentro del contexto de la vida de ésta, y no puede alcanzarse sin una igualdad real de acceso a los derechos humanos básicos: autonomía de la persona, educación, seguridad, derechos jurídicos y a la propiedad, derecho a trabajar, a la salud, derechos sexuales y reproductivos, acceso a los servicios de salud y una alimentación adecuada, etc.

“Sin duda, existen factores socioeconómicos y circunstancias negativas relacionadas con los derechos humanos que perjudican la salud mental de la mujer, como el acceso a la educación o la vulnerabilidad ante la violencia”, explica la profesora Stewart. “La depresión es consecuencia de una mezcla de factores de riesgo genéticos, biológicos, hormonales, psicosociales y ambientales, de forma que la importancia de estos factores o circunstancias varía en cada mujer”. A modo de ejemplo, esta especialista señala que las mujeres de un nivel socioeconómico más bajo, sobre todo si además tienen un nivel cultural también bajo, y aquellas que han sido víctimas de abusos en la infancia o etapas posteriores, tienen un riesgo muy alto de padecer depresión. “Además, los factores culturales influyen en las tasas de prevalencia de depresión y suicidio”, añade la profesora.

Tratamientos y mujer

Si bien, en palabras de Stewart, “diferentes estudios han puesto de manifiesto que las terapias antidepresivas son igualmente eficaces en hombres y mujeres de todas las edades, algunos muestran que, en la mujer, la psicoterapia interpersonal es más eficaz que la terapia cognitivo-conductual y ambas son más efectivas que la psicoterapia psicodinámica”. En cualquier caso, esta profesora comenta que los mejores resultados se logran mediante una cuidadosa evaluación de los antecedentes de cada paciente, de la respuesta al tratamiento y el seguimiento de la enfermedad, en el contexto de una relación de colaboración y confianza entre la mujer y el profesional de salud mental.

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