Da la cara ante la esquizofrenia

La esquizofrenia es "una enfermedad mental grave que interfiere en la capacidad para reconocer lo que es real, controlar la conducta y las emociones, pensar con claridad, emitir juicios y comunicarse", explica el doctor Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Divino Vallés de Burgos. Sin embargo, esta patología es también "un grave problema de salud pública" que afecta a uno de cada cien españoles.

Enfermedades y patologías relacionadas: Esquizofrenia

La doctora Dolores Crespo, psiquiatra del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, señala que tanto los enfermos de esta patología como todo lo que les rodea (familiares, fármacos, centros donde se trata la enfermedad, etc.) suelen estar estigmatizados por la sociedad. La asociación de ese estigma con una serie de prejuicios hacia estos enfermos da lugar a la discriminación social de este colectivo. Todo ello conlleva que muchos afectados oculten que padecen esquizofrenia “debido a los sentimientos de vergüenza y rechazo que provoca” y por ello “no son diagnosticados ni tratados, especialmente al comienzo de la enfermedad”, explica el doctor de la Gándara. Para acabar con esta discriminación, la doctora Crespo desmiente conceptos erróneos como que “las personas que padecen esquizofrenia suelen ser violentas o peligrosas” o que esta patología “es resultado de una debilidad deliberada de la voluntad y del carácter”.

Aunque la esquizofrenia afecta a personas de “cualquier clase y condición”, es más prevalente en los sectores más desfavorecidos de la sociedad, debido a que estos enfermos tienen más dificultades para ser diagnosticados y tratados, según el doctor de la Gándara. Este especialista afirma que se desconocen las causas exactas de la esquizofrenia, pero existen una serie de factores de riesgo, como “factores genéticos”, “complicaciones en el embarazo y el parto que afecten al desarrollo del cerebro” o “consumo de sustancias” (drogas, alcohol, etc.). Suele aparecer al final de la adolescencia o en adultos jóvenes y “a veces el comienzo es gradual” (a lo largo de meses o años), pero en otras ocasiones “se inicia bruscamente” (en días o semanas). Asimismo, existe una “gran variación en la evolución y pronóstico de la enfermedad” entre los pacientes.

Los síntomas de la esquizofrenia son de dos tipos, positivos y negativos. Entre los primeros se encuentran, en palabras del doctor de la Gándara, “los delirios (pensar cosas falsas o extrañas), las alucinaciones, los trastornos del pensamiento y los comportamientos extraños”. En cambio, los síntomas negativos, que suponen algún tipo de deterioro para el enfermo, incluyen “las emociones embotadas, la pérdida de energía, el retraimiento social o la pobreza de pensamiento”. Dependiendo de la mayor prevalencia de unos u otros síntomas la enfermedad presenta distintas formas clínicas. La esquizofrenia paranoide se caracteriza por la presencia de delirios y alucinaciones; la desorganizada por “síntomas negativos que deterioran la vida de la persona”; la catatónica (que es prácticamente inexistente) por síntomas motores; la indiferenciada, por síntomas de todo tipo y por último la residual por “algunos síntomas residuales”.

El tratamiento para esta patología se compone de tres pilares “los medicamentos antipsicóticos, la educación e intervenciones psicosociales y la rehabilitación social”, indica el doctor de la Gándara. Respecto al tratamiento farmacológico, en España los dos antipsicóticos atípicos más usados son la olanzapina y la risperidona, que, frente a los antipsicóticos convencionales (que presentaban numerosos efectos secundarios), son “igual o más eficaces y con efectos más moderados”, por lo que “no afectan mucho a la vida de los pacientes”.

Educación de los enfermos

El doctor de la Gándara define la psicoeducación como “enseñar al paciente y a su familia qué enfermedad sufre, lo importante que es seguir los tratamientos y qué se puede hacer para prevenir las crisis y las recaídas”. En su opinión, “involucrar a la familia es beneficioso para el paciente” y por ello es importante que a través de la psicoeducación se logre una “mejora de la comprensión y el apoyo que los familiares y los cuidadores facilitan al enfermo”.

Aparte de la educación, la doctora Crespo destaca una serie de medidas para reducir la estigmatización de los pacientes esquizofrénicos, como el desarrollo de “actividades educativas en la comunidad dirigidas a cambiar las actitudes”, “promover acciones legales y sociales” y mejorar los fármacos para que “reduzcan al mínimo los efectos secundarios estigmatizantes”.

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