Cuidado con la obesidad infantil

La obesidad afecta en la actualidad a más de 250 millones de personas en todo el mundo occidental y está creciendo alarmantemente el número de niños que desarrollan esta enfermedad a temprana edad. Su tratamiento es necesario, pues la progresión de esta enfermedad puede arrancar 20 años de esperanza de vida a sus afectados.

Enfermedades y patologías relacionadas: Obesidad

La obesidad ha dejado de ser un problema básicamente de adultos para afectar de un modo alarmante a los niños. Según Juan Manuel Fernández, especialista en Endocrinología Pediátrica del hospital Clínico San Cecilio (Granada), la mitad de los niños que acuden por primera vez a un endocrino lo hacen por problemas de obesidad. Sin embargo, Manuel Fernández también reconoció que los padres están tomando progresivamente conciencia de la necesidad de una buena nutrición y están desterrando poco a poco el mito que consideraba a la persona obesa como una persona sana.

La clave para evitar el desarrollo de esta enfermedad radica en unos buenos hábitos nutricionales y en la práctica de ejercicio físico en la vida cotidiana del niño, además de un correcto tratamiento individualizado, controlado por un médico, si la enfermedad ya se ha desarrollado.

El niño tiene que aprender a introducir en su alimentación la fruta y la verdura, y evitar los alimentos calóricos. El problema es que hoy en día los niños tienen fácil acceso a la nevera. Igualmente, la libertad que algunos padres les otorgan para decidir qué quieren comer, la excesiva ingesta de productos de bollería industrial, grasas y refrescos azucarados, propician el aumento de peso y la obesidad en los más pequeños.

Consejos para evitar la obesidad infantil

A largo plazo, la obesidad puede derivar en complicaciones cardiovasculares, enfermedades metabólicas, gestacionales, psiquiátricas y de autoestima. Además, los niños obesos presentan cambios desfavorables en sus arterias, que afectan tanto a la elasticidad de las mismas como a su funcionamiento, lo que aumenta el riesgo de infarto de miocardio e ictus.

Los padres deben ser muy conscientes de la necesidad de una buena nutrición e inculcar en sus hijos unos buenos hábitos alimentarios. Se debe inducir al niño a que haga ejercicio y evite determinados hábitos de vida como el sedentarismo.

Los especialistas recomiendan ponerse en manos de un profesional y huir de métodos alternativos como la llamadas “dietas milagrosas” o el consumo de determinados fármacos para controlar el apetito que pueden llevar a un empeoramiento de la salud. Todos los tratamientos deben ser individualizados y supervisados por profesionales, de modo que se trace un plan de pérdida de peso realista y sostenible; y que controle a la vez el impacto del tratamiento en el funcionamiento del organismo.

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