Cuando volar no es un placer

Despegar los pies del suelo para desplazarse a otro lugar a cientos o miles de kilómetros es una experiencia que hace sudar a muchos. La fobia a volar afecta a entre un 25 y un 30 por ciento de la población, según el equipo de especialistas de la compañía Iberia que trata estos casos. Aunque sin llegar a este extremo, son muchas más personas las que no pueden evitar tener cierto temor a la hora de coger un avión.

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Pero cuando el temor se convierte en pánico, tan grave que impide a esa persona poner los pies en nada con alas, nos encontramos ante un caso de fobia. El psiquiatra Enrique Gil-Naguel, coordinador de los cursillos que esta compañía organiza para personas que no pueden volar, repasa con nosotros los orígenes y soluciones de este problema.

¿Por qué una persona puede tener miedo a volar?

Por diferentes motivos. Muchas veces, como en la mayoría de las fobias, el origen no tiene relación con el objeto de la fobia. Por ejemplo, hay personas que tienen miedo a los gatos. Pero ese miedo no es directamente a los gatos, sino que ese animal representa algo inconsciente para esa persona. Hay personas que tienen miedo a volar porque a lo mejor han tenido un vuelo accidentado. Otras, porque han presenciado o se han enterado de algún accidente. Pero la mayoría de veces, el origen es una situación vivida por la persona que ha desplazado como fobia a volar.

¿Qué tipo de situaciones pueden provocar este miedo?

De todo tipo. Personas que están atravesando una crisis personal, con problemas familiares, laborales, que le provocan ansiedad y pánico. Problemas que, sin darse cuenta, trasladan al hecho de volar. Recuerdo el caso de un jefe sindical que atravesó dificultades por razones de su cargo y desarrolló esta fobia. Trasladan su problema al avión porque es un medio extraño y se preguntan, ¿cómo consigue volar? ¿por qué no cae?.

¿Qué incidencia hay de este problema en nuestro país?

Suponemos que entre un 25-30 por ciento de la población tiene miedo al vuelo. Aunque hay casos de personas que, sin tener una fobia declarada, lo pasan realmente mal en un avión, y estas personas llegarían la mitad de la población. Así que creo que sólo un 15-20 por ciento de las personas se suben al avión sin ningún temor. Pero es una cifra difícil de evaluar, porque muchas personas tienen tal pánico al avión que ni se plantean volar, ni buscan ayuda para hacerlo.

¿Cuál es el perfil del paciente con fobia a volar?

Como la mayoría de las fobias, tienden a ser más frecuentes en la mujer que en el hombre, pero hay que tener en cuenta que el hombre tiende más a ocultar las fobias. El perfil de la persona con fobia a volar no es un perfil psicológico definido. Pero por regla general son personas con un coeficiente intelectual superior a la media, bastante imaginativas y perfeccionistas, no acostumbradas a delegar responsabilidades.

¿Qué tipo de problemas laborales, familiares, suele crear esta fobia?

Sobre todo en vacaciones surgen problemas. La familia quiere ir de vacaciones y uno de los cónyuges no quiere volar. Los otros presionan y se crea un conflicto familiar. Otras personas no pueden progresar en su empresa si no viaja en avión frecuentemente, por lo que no puede asumir cargos de más responsabilidad y eso les supone otro problema.

¿En el momento en que decide ponerse en manos de un especialista médico, qué tratamiento se pone en marcha?

Nuestros cursos los impartimos un piloto y yo, como psiquiatra. Hacemos una exposición detallada de lo que es la fobia a volar. Se hacen exposiciones técnicas de cómo funciona un avión. Y yo hago lo que se llama una desensibilización sistemática. Es decir, hacer que la persona reviva en su imaginación las circunstancias que le producen fobia, de forma graduada: sacar el billete, trasladarse al aeropuerto, etc. Revive todos los pasos hasta que llega al que más teme, subir al avión, superando todos los ejercicios a base de relajación. Luego visitan simuladores de vuelo y finalmente acaban haciendo un vuelo real.

¿En qué porcentaje de casos este miedo desaparece con el primer vuelo?

Muchas personas vienen a los cursos y nunca han volado en su vida. Y le dices, si usted no ha volado, ¿por qué tiene miedo? Pues no han experimentado nada que pueda atemorizarle. Estas personas suelen ser las que mejor responden a estos cursos. Porque se enfrentan a su temor, que imaginativamente han fantaseado como algo tremendo. Y se dan cuenta de que no es así.

¿Y qué tipo de casos son más difíciles de curar?

Los casos más difíciles son aquellos que no sólo tienen fobia a volar sino que ya tiene otras manifestaciones neuróticas. Por ejemplo, claustrofobia, miedo a los ascensores, a los espacios cerrados, etc. Es lo que llamamos panfobia, porque tiene fobia a muchas actividades de la vida. Son casos más difíciles, pero cuando consiguen superar una de las fobias, en este caso el miedo a volar, les es más fácil superar las otras. Estos casos necesitan ya un tratamiento psicoterapéutico individualizado, de forma más continuada.

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