Convivir con la diabetes

La diabetes es una enfermedad con una alta incidencia en España, pero en el caso de la diabetes mellitus tipo II existe un bajo nivel de diagnóstico, lo que da lugar a que un gran número de enfermos no reciban tratamiento hasta mucho tiempo después de aparecer la patología. Además, según el doctor José Luis Herrera Pombo, profesor y jefe del Servicio de Endocrinología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, hay un "porcentaje altísimo de gente que sólo usa un fármaco" y sería necesario que estos pacientes recibieran "un tratamiento más agresivo".

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De acuerdo con el Diabetes Monitor 2000, en España 2.529.000 personas padecen diabetes mellitus tipo II. Un 35,4 por ciento de esos enfermos no está diagnosticado y de los que sí lo están, el 25 por ciento no toma fármacos y un 80,5 por ciento recibe un único fármaco.

El doctor Herrera Pombo señaló en el forum Un día viviendo la diabetes que “a pesar de todas las investigaciones, la diabetes tiene que seguir siendo asociada a la hiperglucemia”, por lo que la única forma de determinar si una persona padece la enfermedad es que tenga unos niveles de glucosa superiores a 126 mg/dl “en ayunas reiteradamente”. Este constante aumento de la glucosa es lo que ocasiona las complicaciones derivadas de la diabetes. La hiperglucemia continuada da lugar a una toxicidad crónica para diversos tejidos, como la retina, el riñón o el sistema nervioso, mientras que los picos de hiperglucemia producen una toxicidad aguda, pero si se mantienen también conllevan una lesión tisular.

Para reducir el riesgo de sufrir estas complicaciones, el doctor Herrera Pombo afirma que es necesario mantener la glucemia en ayunas por debajo de 110 mg/dl, puesto que un nivel superior a esta cifra implica aumentar el riesgo arterial y si es mayor a 160 mg/dl crece el riesgo para los vasos sanguíneos pequeños. Este especialista indica que existe un fármaco, la insulina glargina, que imita la producción natural de insulina y que ayuda a controlar los niveles glucémicos, evitando las oscilaciones de glucosa durante la noche o al despertar. Además, debido a su acción prolongada durante 24 horas, sólo requiere una inyección diaria.

Tipos de diabetes

Existen tres tipos de diabetes. La diabetes mellitus tipo I consiste en una “ausencia insulínica” que exige reemplazar la insulina mediante insulinas exógenas (a través de inyecciones, bombas externas o internas de insulina, bolígrafos o parches de insulina), transplante de páncreas o transplante de islotes pancreáticos, explica el doctor Antonio Luis Cuesta Muñoz, médico especialista en Endocrinología y Nutrición de la Fundación Hospital Carlos Haya de Málaga.

Por otro lado, la diabetes mellitus tipo II se produce por una “resistencia insulínica que va a hacer que la insulina no trabaje bien”, según explica el doctor Cuesta Muñoz. Esta enfermedad lleva aparejada otra serie de problemas, como el síndrome metabólico. Para combatirlo, el doctor Herrera Pombo recomienda seguir un “tratamiento no farmacológico” que incluya una dieta equilibrada que limite el consumo de grasas, sobre todo las saturadas (que deben representar menos del diez por ciento de la dieta), y esté compuesta entre un 50 y un 52 por ciento por carbohidratos. Asimismo, aconseja cambiar los hábitos de vida, reducir peso y practicar ejercicio físico, que también “puede prevenir la aparición de diabetes mellitus” y “mejora la sensibilidad a la insulina”.

Finalmente, el tercer tipo de diabetes es la monogénica, en la cual una mutación genética provoca una disminución en la producción de insulina.

Educación terapéutica

Esther Gil Zorzo, presidenta de la Federación Española de Educadores de Diabetes, introduce el concepto de educación terapéutica, que consiste en que los profesionales sanitarios enseñen a los pacientes diabéticos y sus familias “la gestión del tratamiento de su enfermedad y la prevención de las complicaciones evitables, manteniendo o mejorando la calidad de vida”. En su opinión, “la educación siempre tiene que formar parte del tratamiento” y “tiene que incluir a la familia y el entorno”. Asimismo, debe “adaptarse al curso de la enfermedad” y tener en cuenta las demandas de los pacientes.

Gil Zorzo considera que los objetivos de la educación terapéutica son: un buen control glucémico, “adaptar la diabetes a su vida no su vida a la diabetes”, lograr el máximo posible de autonomía del paciente en su tratamiento y ayudarle a aceptar la enfermedad.

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