Controlar la diabetes, mejorar la calidad de vida

La glucemia es la tasa de glucosa o azúcar en sangre. Y la glucosa es el principal carburante para nuestro organismo y procede de los alimentos que se ingieren en las comidas y de las reservas energéticas el hígado. Para prevenir complicaciones de la diabetes, los expertos recomiendan mantener el nivel de A1c o hemoglobina glicada por debajo del siete por ciento.

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica que se caracteriza por la presencia elevada de glucosa en la sangre. Existen dos tipos de diabetes: la diabetes del tipo 1 que afecta a la población más joven y que se debe a una destrucción de las células pancreáticas que producen la insulina y la diabetes tipo 2, que suele manifestarse a partir de los 40 años y, normalmente, en personas obesas. La diabetes tipo 1 representa entre un cinco y un diez por ciento del conjunto de pacientes diabéticos y el tratamiento ha de realizarse con insulina desde el primer momento en que se detecta la enfermedad. El 90% restante de enfermos padecen la diabetes del tipo 2. En este caso el tratamiento se suele empezar con una dieta adecuada y ejercicio físico para en posteriores estadios de la enfermedad pasar al tratamiento con fármacos orales y finalmente con insulina.

Como controlar la diabetes

Actualmente, la mejor herramienta para lograr el control de la diabetes tanto de tipo 1 como de tipo 2 es la medición del nivel de A1c. Se trata de un sencillo test analítico que ofrece el valor medio de glucosa en sangre durante los últimos dos o tres meses. La A1c es la memoria del azúcar en sangre y expresa el grado de control glucémico de la persona con diabetes. Además, permite saber en qué medida el paciente está bien o mal controlado. Si el nivel de A1c es inferior al siete por ciento, la persona con diabetes tiene un buen control y, por tanto, un menor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas como el infarto de miocardio, la gangrena o la ceguera.

La medición personal de la glucosa mediante la punción en el dedo permite conocer el grado de control de azúcar en sangre en un momento puntual. Pero este nivel cambia, entre otros factores, en función de las comidas que se hagan o de la cantidad de ejercicio. Y, además, este control no es suficiente para conocer la evolución global de la enfermedad y para evaluar el riesgo de complicaciones a largo plazo se ha de realizar la prueba de la hemoglobina glicada o A1c.

Pero no conviene olvidar que para alcanzar el nivel óptimo de A1c, inferior al siete por ciento, el paciente y el profesional sanitario han de trabajar conjuntamente. Para vivir más y mejor, aún siendo diabético, se ha de combinar el tratamiento médico con una dieta equilibrada y con ejercicio físico moderado.

El grado de control de la población española con diabetes

En España hay tres millones de personas con diabetes y de ellas, un 70 por ciento están mal controladas, según datos del estudio epidemiológico Epicon, realizado entre 2003 y 2004.

La diabetes mal controlada puede tener unas consecuencias nefastas para el enfermo. Las complicaciones más frecuentes afectan al sistema cardiovascular, al sistema renal y a la retina y, pueden conducir a la muerte del paciente. Entre ellas destacan:

1. La angina de pecho o el infarto de miocardio, que se produce por una obstrucción de las arterias coronarias. La persona diabética tiene más del doble de posibilidades de sufrir un infarto que una persona no diabética.

2. La discapacidad visual o la ceguera, cuando hay una obstrucción o ruptura de todas las pequeñas arterias de la retina. El riesgo de pérdida de la visión para personas con diabetes es 20 veces superior al general.

3. La progresiva destrucción de la función renal que puede desembocar en tratamientos de diálisis o la muerte.

4. El conocido pie diabético que se produce cuando hay un daño neurológico y una falta de riego en las extremidades y ocasiona la aparición de úlceras y, en último extremo, se puede llegar a la amputación.

5. El infarto cerebral, cuando están afectados los vasos sanguíneos del cerebro.

El impacto del coste de la diabetes en la Sanidad pública es muy elevado no sólo por el control de la diabetes en sí, sino que también por las enfermedades asociadas que llegan a desarrollar los pacientes diabéticos.

Tasa de mortalidad

Una reducción de un uno por ciento en la tasa de A1c supone unos beneficios muy notables a medio y largo plazo para el diabético como por ejemplo una disminución del 35 por ciento en las complicaciones cardiovasculares o del 25 por ciento en la mortalidad relacionada con la diabetes.

Actualmente, la diabetes mata cada año a 3,2 millones de personas en el mundo. Es decir, causa más víctimas que el SIDA, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En España, la tasa de mortalidad por diabetes se sitúa en 23 personas por cada 100.000 habitantes. Una tasa que es superior en las mujeres, 29 por 100.000 habitantes, frente a 16 de los hombres. Según datos de la Sociedad Española de Diabetes, un 80 por ciento de las personas con diabetes mueren debido a un infarto de miocardio o a un accidente cerebrovascular y estas cifras podrían ser mucho menores tan sólo con reducir un 1 por ciento la tasa de A1c, lo que repercutiría además en una notable mejora en la calidad de vida de los pacientes con diabetes.

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