Cómo afecta psicológicamente la infertilidad a una pareja

Cada vez hay más parejas que deciden comenzar un tratamiento contra la infertilidad para conseguir ser padres aunque el proceso puede ser largo y difícil.

problemas para lograr el embarazo
Enfermedades y patologías relacionadas: Infertilidad

Cada año, miles de parejas en todo el mundo deciden emprender el camino de formar una familia. Es una decisión que suele tomarse de forma consensuada con el objetivo de cumplir un deseo común: ser padres. Sin embargo, hay veces que la naturaleza impide este proceso y es necesario acudir a otros métodos como los tratamientos de fertilidad. Este no es un camino fácil, la pareja ha de estar preparada y concienciada para superar los baches emocionales que este proceso puede traer consigo.

Las parejas suelen tomar la decisión de buscar un embarazo con mucha ilusión, pero cuando los meses van pasando  y no ven los frutos de sus intentos,  comienzan a pensar que algo malo puede estar ocurriendo. “¿Tendré yo la culpa? ¿Seré estéril? Son preguntas que empiezan a rondar sus mentes”, señala la psicóloga Isabel Menéndez Benavente.

Si tras un año intentándolo una pareja no logra el embarazo de forma natural se estaría ante el momento de dar respuesta a esas preguntas. Una vez realizados los estudios pertinentes, la solución puede pasar por intentar lograr el embarazo por medio de tratamientos de fertilidad y es entonces cuando el apoyo psicológico va a ser clave para recorrer este camino.

No conseguir el embarazo puede derivar en depresión y conflictos de pareja

Menéndez Benavente asegura que por su experiencia como psicóloga tratando este tipo de casos “cuando una pareja se enfrenta a un tratamiento de fertilidad pasa por un proceso largo y estresante, e incluso a veces tormentoso”.  Esta situación suele agravarse si al final no se obtienen los resultados esperados provocando desde reacciones depresivas hasta problemas en la pareja.  “Todo se agrava porque la pareja suele estar sometida a muchas expectativas y ven como van desapareciendo”, resalta la experta.

Aunque ambos miembros de la pareja sufren las dificultades del proceso juntos, siempre suele ser a la mujer a quien más le afecta el tratamiento, tanto por razones naturales como culturales. La psicóloga comenta que “a pesar de estar en pleno siglo XXI, la frustración del hombre y su condición de “macho” suele provocar que sea la mujer quien se someta primero a las pruebas de fertilidad para descartar que sea ella quien no puede tener descendencia”.

De cara a afrontar una situación así en la que el proceso de lograr un embarazo se complica, la psicóloga asegura que no se puede dejar de valorar que la infertilidad venga causada por una situación de tensión o estrés.  “Hay casos en los que cuando uno se resigna y lo da todo por perdido, viene el bebé como sin esperarlo, incluso en situaciones muy difíciles, por eso creo que la esperanza, salvo que el problema físico sea claro, no debe perderse”, afirma la especialista.

Si el proceso de fertilización con los propios óvulos y espermatozoides de la pareja no funciona, ésta tiene que tomar una decisión, hacerse a la idea de vivir sin descendencia o bien tomar otros caminos para formar una familia como por ejemplo recurriendo a donantes o bien a través de la adopción. En cualquiera de estos casos “ningún miembro de la pareja debe presionar al otro para adoptar cualquier solución ya que podría acabar pasando factura y derivar en futuros problemas entre ambos”, asegura la psicóloga.

Establecer prioridades, un consejo importante

Si una mujer tiene claro que quiere tener hijos debe tener en cuenta que hay situaciones que pueden complicarlo. “Uno de los principales factores de la infertilidad en las mujeres es el consumo de la píldora anticonceptiva durante muchos años ya que, al dejar de tomarla, el cuerpo necesita tiempo para recuperarse”, señala Isabel.

Además las mujeres deben ser conscientes de que la edad es clave, ya que la fertilidad disminuye con el paso de los años.  “España lidera la lista de países europeos con la media de embarazos más tardíos, a los 32,2 años y se sabe que la edad ideal se sitúa entre los 25 y los 35 años”, indica la psicóloga.

Son muchas las parejas que deciden esperar a cumplir sus expectativas laborales para tener un hijo, sin embargo Menéndez Benavente apunta que “el ritmo de vida caótico y el trabajo no deberían ser impedimentos para afrontar la decisión de ser padres. Hay que establecer prioridades, con la crisis actual hay que renunciar a muchas cosas para tener un hijo, sí, es una situación difícil pero no imposible”.

Para la psicóloga un poco de riesgo es vital e incluso necesario. “Si lo planeamos todo y las cosas no salen como estaba previsto nos podemos llegar a encontrar muy vacíos por eso hay que ser conscientes de que tener hijos lo antes puede evitar posibles problemas de infertilidad pero, en todo caso, si esto ocurre la solución es luchar y afrontarlos”, sentencia.

Descubre más artículos sobre Amor y pareja en el canal Salud Emocional y sobre Reproducción asistida en el canal Salud Mujer.

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