Comer frutos secos reduce el riesgo cardiovascular

Consumir frutos secos al menos cinco veces por semana reduce en un 51 por ciento el riesgo de infarto de miocardio, según los resultados que científicos y profesionales de la salud de todo el mundo han dado a conocer en una reunión celebrada en Washington sobre los efectos beneficiosos de los frutos secos en la salud. Los expertos coinciden en recomendar la inclusión de frutos secos en la dieta para prevenir de las enfermedades cardiovasculares, contribuyendo así al incremento de la esperanza de vida.

Enfermedades y patologías relacionadas: Infarto / Angina de pecho, Arteriosclerosis, Hipercolesterolemia

Sabemos que la mitad de nuestra población fallece de enfermedades asociadas a las alteraciones de tipo cardiovascular, ya sea por infarto, por angina de pecho o por enfermedades cerebrales. Por tanto es un problema de sanidad pública de primer orden el poder controlar y prevenir este tipo de enfermedades”, explica el doctor Luis Masana, Presidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis. “Es importante controlar todos aquellos factores de riesgo que están muy difundidos en la población general sana y que deben controlarse a base de recomendaciones sobre estilos de vida cardiosaludables”, añade el doctor Masana.

Entre estos estilos de vida se incluiría llevar una dieta saludable, como es por ejemplo la dieta mediterránea, asociada tradicionalmente a un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los efectos beneficiosos de los frutos secos sobre los niveles de lípidos en la sangre se deben a que son ricos en grasas insaturadas, de manera que no aumentan el nivel de colesterol, y a que contienen múltiples nutrientes protectores.

Una dieta con un alto consumo de grasas saturadas, como pueden ser las grasas de origen animal, aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. “El gran consumo de grasa saturada en la población es preocupante y debemos reorientarla hacia fuentes de grasa más saludables, como son las grasas insaturadas”, apunta el doctor Masana. Una de estas fuentes de grasa que ya está completamente aceptada es el aceite de oliva, “pues bien, los frutos secos tienen la misma composición grasa que el aceite de oliva, de hecho la avellana y la almendra podemos considerarlas como unas cápsulas naturales de aceite de oliva”, explica el Presidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis.

Una de las principales reticencias que la gente encuentra a la hora de incluir los frutos secos en la dieta es la creencia de que estos alimentos aumentan el peso corporal. La conclusión de los expertos es que consumir frutos secos no incrementa el peso si se controlan las calorías totales, la mejor solución sería que los frutos secos reemplazaran a otros alimentos ricos en grasas para que el aporte energético siguiera siendo el mismo. “Si nosotros hacemos comprender que dentro de una dieta equilibrada, con las calorías adecuadas para la persona, se pueden incluir perfectamente los frutos secos, estaremos diciendo que la gente siga una dieta mediterránea y por tanto estamos dando protagonismo a una forma sana de alimentarse”, concluye el doctor Masana.

Niños mal alimentados

Uno de cada cuatro niños españoles tiene el colesterol elevado, según los datos del estudio que coordina el doctor Manuel De Oya, jefe de la Unidad de lípidos de la Fundación Jiménez Díaz. Según este especialista, “en España no comemos bien, nos vamos deteriorando”. Esto se puede apreciar en la alimentación de los niños, entre los que hay un alto consumo de grasas saturadas. “Los niños toman en su dieta una media del 45 al 47 por ciento de grasa, cuando lo que recomendamos es de un 30 a un 35 por ciento. Además, toman aproximadamente un 38 por ciento de hidratos de carbono y deberían tomar un 45 o un 50 por ciento”, explica el doctor De Oya. “De la alimentación clásica con hidratos de carbono, con vegetales, con fruta, con pescado, con frutos secos,. hemos derivado a una alimentación graso-láctea-proteica”, añade el doctor De Oya.

Gran parte de la grasa saturada que los niños consumen proviene de la ingestión de productos de bollería. Los fabricantes de estos productos utilizan grasa de coco o de palma para elaborar estos bollos, que se consideran grasas vegetales pero son mucho más perjudiciales y baratas que el aceite de oliva, por ejemplo. “Esta es una batalla perdida porque las autoridades europeas no obligan a los fabricantes de estos productos a tipificar las grasas que utilizan”, indica el doctor Manuel de Oya.

Estos datos muestran la importancia que tiene una dieta saludable en la prevención de todo tipo de enfermedades, ya que este mismo patrón dietético que se recomienda para prevenir enfermedades cardiovasculares, protege también de otras enfermedades crónicas y degenerativas, como puede ser el cáncer. La alimentación sana es un factor clave de la salud que debe empezar a aprenderse desde la infancia y debe ser tenida en cuenta a cualquier edad.

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