Cocina macrobiótica: qué debes saber

Su objetivo prioritario es aumentar tu energía y ayudar a paliar ciertos problemas de salud. Descubre las verdades y mentiras de una cocina que gana adeptos. Habla el especialista en nutrición.

La comida debería ser la única medicina que necesitase el ser humano. Se trata de una frase acuñada por el papá de la medicina occidental, Hipócrates, al que también se le atribuye la conocida Somos lo que comemos. Ambas sentencias podrían resumir la filosofía de una de las cocinas que más adeptos gana cada día, la macrobiótica, cuyo objetivo es mejorar el estado de ánimo y ayudar a combatir cierto tipo de enfermedades como la obesidad y sus factores de riesgo, entre otros.

“Es mucho más que una dieta porque no sólo contempla los nutrientes de los alimentos que comemos, también la carga energética que nos aportan. Hay alimentos que nos activan y hay otros que nos relajan”, explica María Rosa Casal, miembro de la Federación Española de Medicina Natural, directora de Escuela de Vida y especialista en terapias naturales desde hace más de 25 años.

Y es que, la alimentación que sigamos “debe adaptarse a nuestro ritmo de vida, intensidad intelectual y de trabajo, y debe aportarnos el equilibrio que necesitamos desde el punto de vista energético, aspectos que tiene en cuenta la cocina macrobiótica”, destaca esta especialista en terapias naturales. El ser humano “necesita una alimentación que le ayude a sentirse bien, tanto a nivel físico como emocional, una alimentación incluso curativa”, añade.

Algunos mitos sobre la cocina macrobiótica

Al contrario de lo que muchas personas piensan, la dieta macrobiótica “no busca adelgazar o controlar el peso”, desmiente Rosa. No obstante, “ayuda a que el cuerpo no forme depósitos con exceso de grasas y proteínas, es decir, evita que el cuerpo se sature que es lo que, en ocasiones, nos hace que enfermemos con más frecuencia”. En ese sentido, al ser “una dieta que limpia, en algunos casos puede ayudar a perder peso, aunque no es su prioridad”, recuerda esta especialista.

Algunos especialistas en nutrición la han acusado, en su sentido estricto, de producir un mayor riesgo de anemia, hipocalcemia -falta de calcio- e hipoproteinemia. La directora de la Escuela de Vida lo desmiente y afirma que “hay que hacer mal la dieta macrobiótica para caer en esas carencias y baches de salud, es lo que sucede con cualquier dieta que no se siga bajo la supervisión de un especialista”, advierte Casal.

Por el contrario, recuerda que, hoy día, “la mayor parte de enfermedades no se dan por carencia sino por saturación, porque se come demasiado y mal, lo que satura el organismo y hace que disminuya la capacidad del aparato digestivo de metabolizar los nutrientes que necesitamos”, añade. De este modo, “se va empobreciendo la flora bacteriana de los intestinos lo que, unido a ciertos tratamientos farmacológicos, hace que el cuerpo comience a tener carencias, cuando en realidad no existen en la alimentación”, añade.

Esta especialista también desmiente que el ayuno estricto forme parte de la dieta macrobiótica. “Es una dieta depurativa, pero esa depuración no está basada en el no comer y estar en ayunas todo el día”.

En ese sentido, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recuerda que cualquier persona que siga una dieta basada en el ayuno para limpiar el organismo y perder kilos corre el riesgo de recuperar el peso con facilidad y, sobre todo, advierte que las dietas que proponen esta práctica sólo deben seguirlas aquellas personas muy sanas y que se queden en casa, en reposo.

Los alimentos ´macrobióticos´

La cocina macrobiótica defiende el “utilizar el sentido común a la hora de comer”, recuerda Casal. Así, uno de los pilares de esta alimentación son los carbohidratos “de buena calidad”, es decir, “los cereales integrales“.

Otro de los puntales de este tipo de cocina son “las verduras sin ninguna limitación, como fuente rica en vitaminas y minerales; y también la fruta, adaptada a las necesidades energéticas de las personas”.

Además, “también se tiene como alimento puntal las legumbres que unidas a los carbohidratos de buena calidad, obtenemos proteínas completas, lo que nos supone poder estar nutridos, sin necesidad de abusar del producto animal”.

Como elemento distintivo, la cocina macrobiótica “apuesta por las algas como fuente de minerales y vitaminas, muy asimilables y de gran calidad. Y como sucede en el mar, “este vegetal tiene la capacidad de limpiar nuestro organismo, sobre todo nuestra sangre; ayudan a disolver cúmulos de grasas, exceso de proteína animal, restos de oxalatos, etc.”, destaca la directora de Escuela de Vida.

En el apartado de condimentos, destacan las semillas y los frutos secos, “porque aportan ácidos grasos esenciales para la vida, especialmente indicados para el sistema nervioso y muy necesarios para potenciar las transformaciones bioquímicas que se generan en nuestro organismo a partir de la digestión”.

Riesgos de las dietas restrictivas

La cocina macrobiótica no es muy partidaria del consumo de proteínas de origen animal, lo que para algunos especialistas podría ser un problema.

“Una dieta sana y equilibrada, debe ser a su vez variada e incluir elementos de los diferentes grupos alimentarios: frutas y vegetales, cereales, carne, pescado, lácteos y huevos, porque si falta alguno de estos elementos podríamos, a la larga, sufrir carencia de alguno de los nutrientes que necesita el organismo para funcionar correctamente”, advierte el doctor Fernando Cordido, especialista en endocrinología del Hospital Juan Canalejo de La Coruña.

“Si eliminamos la carne, el pescado, los huevos y la carne, podríamos carecer de ciertas proteína y vitaminas como la B12, lo que implica un mayor riesgo de anemia y de alteraciones neurológicas”, advierte este especialista.

En ese sentido, si queremos realizar una dieta, el doctor Cordido recomienda una cercana a la lactoovogetariana y siempre bajo prescripción de un especialista. “Si prescindimos de la carne y del pescado, deberíamos tomar al menos huevos y lácteos, para que nuestro organismo pueda desarrollar todas sus funciones básicas y no suframos falta de ningún nutriente que, a la larga, nos podría ocasionar problemas de salud”, concluye el doctor Cordido.

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