Cannabis y alcohol, una bomba de relojería para el cerebro según experto

El consumo habitual de cannabis combinado con alcohol u otras sustancias como cocaína o anfetaminas, podría potenciar el riesgo de trombosis cerebral, según un estudio del Hospital del Galdacano (Vizcaya). La investigación se centró en el caso de un hombre de 35 años con buena salud que sufrió tres episodios de infarto cerebral después de haber mezclado cannabis y alcohol.

Enfermedades y patologías relacionadas: Adicciones, Alcoholismo

.”El paciente analizado fue un profesor de escuela primaria, de 36 años, que llevaba una vida saludable: practicaba ejercicio físico regular, cuidaba su dieta, no tenía hipertensión y no fumaba. Sin embargo, había sido consumidor esporádico de cannabis en el pasado y no conocía los riesgos de infarto cerebral asociados a esta droga”, afirma doctor Juan Carlos García-Monco, del Servicio de Neurología del Hospital del Galdacano (Vizcaya) y autor de la investigación.

Según el estudio publicado en Journal of Neurology Neurosurgery and Psychiatry, el paciente sufrió hasta tres casos de trombosis cerebral en menos de tres años, bajo circunstancias de consumo elevado de cannabis. El primer incidente sucedió después de haber consumido en una fiesta una gran cantidad de cannabis en combinación con otras cuatro bebidas de alcohol. A consecuencia de la trombosis cerebral, sufrió la pérdida temporal de la capacidad del habla y graves convulsiones. Una vez en el hospital, el escáner cerebral reveló restos de hemorragia y un coágulo sanguíneo, de los cuales se recuperó sin sufrir secuelas.

El segundo incidente cerebral sucedió un año más tarde. Después de fumar cannabis, el paciente volvió a perder la capacidad del habla y la sensibilidad en uno de los dos lados de su cuerpo. En esta ocasión, la lesión se produjo en un área cerebral distinta.

El último episodio sucedió después de 18 meses de abstinencia, cuando el paciente volvió a combinar una gran cantidad de alcohol con altas dosis de marihuana. En esta ocasión, los efectos de la trombosis le condujeron a una incapacidad para reconocer los sonidos también conocida como agnosia auditiva. El escáner reveló una zona con hemorragia y daños cerebrales previos.

Según el doctor García-Monco, “hasta la fecha sólo hemos contabilizado 15 casos de infarto cerebral como el del paciente investigado; aunque no sabemos el alcance exacto que puede tener en un futuro próximo porque el consumo de esta sustancia se extiende”. En ese sentido, para la comunidad científica, “el siguiente paso es estudiar a fondo la estrecha relación entre el cannabis y el ictus ya que consideramos que no se le presta la atención que debería”, concluye el científico”. Frente a esta situación, la comunidad científica recomienda no mezclar el cannabis con otras sustancias drogodependientes y, en especial, con el alcohol, un vasodilatador por sí sólo.

Por otro lado, respecto al uso del cannabis en la práctica clínica, el doctor García-Monco asegura que “debería estar abalado por evidencias científicas significativas de los beneficios y de la ausencia de riesgos de esta sustancia en los pacientes tratados”.

El ictus cerebral

El infarto cerebral o ictus es un trastorno súbito de la circulación cerebral, que dificulta la llegada de sangre a las arterias cerebrales e impide que lleguen a las neuronas el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. El resultado puede ser desde la muerte súbita hasta la recuperación, pasando por diversos grados de incapacidad, a veces severos, que afectará la calidad de vida de sus víctimas.

La hipertensión es el principal factor de riesgo del ictus cerebral, seguido del tabaquismo, la hipercolesterolemia, la diabetes y el sedentarismo. Además, según los científicos, el uso o la combinación de ciertas drogas como la cocaína y el alcohol, podrían aumentar todavía más los riesgos de tener un accidente vascular-cerebral.

Hasta la fecha, según el doctor García-Monco, no existe un estudio de los efectos perjudiciales del cannabis por sí solo en relación al ictus cerebral. “Es difícil calificar su consumo exclusivo como factor de riesgo, ya que la población está expuesta a múltiples factores de riesgo en desarrollo de enfermedades”, concluye el doctor García-Monco.

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