Beber líquidos a menudo ayuda a prevenir la acidez y las náuseas del embarazo

El embarazo es un periodo fisiológico en el que se producen numerosos cambios y en el que se modifican las necesidades nutricionales. Durante el mismo, es tan importante tener una dieta equilibrada como beber la cantidad de líquidos adecuados, dentro de un estilo de vida activo y saludable. Además, la evolución y desarrollo del feto también se verá influenciada por un correcto aporte de todos los nutrientes y, cómo no, de un adecuado estado de hidratación.

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Gracias a una buena hidratación, algunos de los síntomas que se suceden durante el embarazo se alivian o, cuando menos, no empeoran. En este sentido, llevar a cabo una ingesta adecuada de líquidos permitirá ayudar a evitar el estreñimiento, eliminar las toxinas del cuerpo, disminuir los riesgos de infecciones urinarias, así como un correcto funcionamiento de todos los órganos del cuerpo de la mujer. Además, durante el periodo de lactancia, una buena hidratación ayuda a una producción adecuada de la cantidad de leche materna.

Asimismo, los cambios climáticos y los nuevos estilos de vida están condicionando cambios en los hábitos de consumo de bebidas, generalizándose el consumo de nuevas bebidas con sales minerales utilizadas para afrontar la actividad física diaria. Todo ello hace conveniente revisar la importancia de una correcta hidratación para un embarazo saludable.

Con el objetivo de mejorar el conocimiento de los profesionales de la salud sobre la hidratación y ayudar a prevenir los procesos de deshidratación en las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) ha elaborado un Documento de Consenso sobre Pautas de hidratación con bebidas con sales minerales para mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.

Los expertos que han participado en la elaboración de estas recomendaciones señalan que las bebidas con un contenido determinado de azúcares y de sales minerales, correctamente utilizadas, pueden ser una importante ayuda para mejorar la rehidratación y prevenir los procesos leves de deshidratación ya que permiten optimizar la hidratación al posibilitar un rápido vaciamiento del estómago.

La correcta hidratación en el embarazo beneficia a la mujer y al feto

Durante el embarazo se produce un aumento del volumen de sangre, según el Dr. Ignacio Zapardiel Gutiérrez, miembro de la SEGO, “del 45 por ciento (+ 1.800 ml) tanto por el aumento de las células (+ 350 ml) como de la volemia (+ 1.500 ml). Ese incremento del volumen es muy importante y necesario para mantener un flujo útero-placentario adecuado, imprescindible para el desarrollo y crecimiento fetal”.

Asimismo, la retención de agua representa una alteración fisiológica del embarazo. “Estos cambios están mediados por el descenso de la osmoralidad plasmática y la secreción de hormona antidiurética”, añade el Dr. Txanton Martínez-Astorquiza, presidente de la Sección de Medicina Perinatal de la SEGO.

Según recoge el Documento de Consenso, la mujer embarazada debería aumentar la ingesta diaria de líquidos a fin de compensar el aumento de los requerimientos propios de su estado. Es recomendable consumir, aproximadamente, 2,7 litros diarios de líquido, transformando la regla de los ocho vasos de agua por día en 10 vasos de agua diarios.

En este sentido, durante el embarazo, debido a las modificaciones hormonales, aumenta el umbral de la sed, según explica la Dra. María José Rodríguez Jiménez, coordinadora del Grupo de Trabajo de la Infancia y Adolescencia de la SEGO, “el organismo tarda más tiempo en informar que necesita agua, por lo que se debe aconsejar beber de manera periódica, incluso antes de tener sed”.

“El agua y otras bebidas son clave para asegurar una buena hidratación. Las bebidas con sales minerales, en concreto sodio, y con azúcares de absorción rápida pueden facilitar una mejor rehidratación”, añade la Dra. Rodríguez.

El Dr. Martínez-Astorquiza señala que “además de los líquidos, ciertos alimentos con un alto porcentaje de agua pueden ayudar a mantener un buen nivel de hidratación, contribuyendo a facilitar el tránsito intestinal y evitar el estreñimiento, tales como frutas y verdura, melón, sandía, fresa, pomelo, uva, naranja, calabaza, etc”.

Según el Dr. Zapardiel, “el agua no tiene calorías, por lo tanto, no influye en la ganancia de masa grasa, aunque sí repercute en el peso. Dos terceras partes del aumento de peso total durante el embarazo son debidas al agua, tanto la retenida a nivel de tejidos y órganos como la debida al aumento del volumen sanguíneo. Es un incremento de peso transitorio que desaparecerá tras el parto y puerperio”.

Por otra parte, la leche materna contiene hasta un 90 por ciento de agua, por lo que una madre en periodo de lactancia debe ingerir una cantidad suficiente de líquido para asegurar la producción de leche diaria y mantener un buen estado de hidratación.

En cuanto a la actividad física, el documento recoge que las mujeres embarazadas pueden realizar un suave ejercicio aeróbico (caminar, nadar), sin exponerse directamente al sol, evitando las horas de calor y sin realizar esfuerzos excesivos ni ejercicios que puedan desencadenar contracciones. “Es muy importante la reposición posterior tanto de líquidos como de sales minerales perdidas por el sudor”, explica la Dra. Rodríguez.

Para mantener una correcta hidratación y evitar procesos de deshidratación leve, “la diversidad de sabores puede ayudar a una ingesta diaria adecuada de líquidos”, concluye la Dra. Rodríguez.

Consideraciones específicas

El Documento de Consenso sobre Pautas de hidratación con bebidas con sales minerales para mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, recoge las siguientes consideraciones específicas:

- El agua facilita el flujo de nutrientes hacia el torrente sanguíneo del feto y su distribución por todo el organismo.

- El estreñimiento es un problema habitual durante la gestación, pero la situación puede empeorar si la mujer no toma la suficiente cantidad de líquidos que ayudan a prevenirlo.

- Beber líquidos a pequeños intervalos ayudará a prevenir la acidez creada por los jugos gástricos y las náuseas.

- El aumento de la ingesta líquida contribuye a aumentar la cantidad de orina, lo que ayuda a depurar el cuerpo de toxinas, y reduce la incidencia de cálculos renales e infecciones de vías urinarias, que son más frecuentes en las embarazadas. Además, es importante que la embarazada orine con frecuencia para evitar dichas infecciones.

- El agua y otras bebidas ayudan a evitar la deshidratación que, si se produjera durante el embarazo, puede ser peligrosa, causando dolores de cabeza, náuseas e incluso contracciones en el tercer trimestre.

- La madre en fase de lactancia debe incrementar su aporte de líquidos y necesita cubrir los requerimientos de líquidos sin restricciones. En esta situación, la sensación de sed aumenta.

- En la hiperémesis o la gastroenteritis aguda se produce una gran pérdida de sales minerales por los vómitos o las heces diarreicas respectivamente. Las bebidas con sales minerales ayudan a asegurar un nivel óptimo de hidratación y tienen un efecto beneficioso en estas patologías típicas del embarazo. Además por su agradable sabor suelen ser bien toleradas y apetecibles.

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