Alimentación saludable para un corazón sano

Una dieta "lo más variada posible, pero no restrictiva", que incluya frutas y verduras, frutos secos y alimentos ricos en fibra o ácidos grasos omega 3, puede ayudar a combatir las enfermedades cardiovasculares, según el doctor Luis Masana, presidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis.

Diversos estudios han “demostrado científicamente que los alimentos suplementados con fitoesteroles ayudan a reducir el colesterol” y por tanto el riesgo de patologías coronarias, señala el doctor Masana. Estos compuestos se encuentran en las frutas y las verduras.

Respecto a los ácidos grasos omega 3, “tienen capacidad para disminuir el colesterol, pero debería tomarse una cantidad muy importante” para conseguir ese efecto. No obstante, la ingesta de cantidades más reducidas “ayuda a disminuir los problemas cardiovasculares”.

Grasas perjudiciales

Sin embargo, existen numerosos alimentos que contienen ácidos grasos que pueden provocar enfermedades cardiovasculares como la aterosclerosis. Estos ácidos, denominados trans, aumentan el colesterol “malo” (LDL) y reducen el bueno (HDL), además de incrementar las concentraciones de triglicéridos y lipoproteína (a), dos factores indicadores del riesgo de infarto de miocardio.

Los ácidos grasos trans aparecen durante la elaboración de diversos alimentos como pan de molde, galletas, pastelería y bollería industrial, cremas de untar, aperitivos, helados y alimentos precocinados. En ocasiones en el etiquetado de estos productos se les denomina grasas vegetales o hidrogenadas o aceites de coco y palma, por lo que el doctor Masana opina que sería “interesante hacer un cambio en la legislación que indicara la cantidad de ácidos trans” que contiene cada alimento.

Dieta mediterránea

La dieta mediterránea nos protege contra las enfermedades cardiovasculares, la primera causa de muerte en España, pero sólo de manera temporal, es decir, “la enfermedad se retrasa con respecto a los países anglosajones unos cinco o diez años”. Por ello, en los países mediterráneos la mortalidad es menor en las personas menores de 65 años, pero a partir de esa edad “se dispara hasta igualarse con otros países”. Además, el cambio en el estilo de vida está fomentando un aumento progresivo de la obesidad y la diabetes. Por su parte, el doctor Juan A. Gómez Gerique, director del servicio de Bioquímica Clínica de la Fundación Jiménez Díaz-Unilabs, indica que en nuestro país “el peso que tienen los factores de riesgo es el mismo que en cualquier otra sociedad”. Para este especialista lo importante es que los enfermos tengan la menor incapacidad posible y una buena calidad de vida.

Actualmente se está investigando la predisposición genética de determinadas personas a padecer este tipo de patologías (responsables del 40 por ciento de la mortalidad de nuestro país), pero el doctor Masana insiste en que son los hábitos de vida saludable (como la alimentación, la actividad física y el abandono del tabaco) los que tienen “capacidad de modular los genes para proteger o acelerar las enfermedades cardiovasculares”.

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