18-N Día del Ictus

El ictus es una enfermedad cerebrovascular cuyos síntomas aparecen de forma repentina y que deja unas secuelas muy graves que van desde una ligera parálisis facial a una hemiplejia o a la muerte. En España, el ictus cerebral es la primera causa de muerte en las mujeres y la tercera en los hombres. Con un estilo de vida saludable, el control regular de la presión sanguínea o la práctica moderada de ejercicio se podría evitar su aparición. Y con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado se consigue disminuir la mortalidad y la intensidad de las secuelas.

Enfermedades y patologías relacionadas: Ictus

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que afecta a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro. También es conocida como Accidente Cerebro Vascular (ACV), embolia o trombosis. El ictus se produce cuando un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro se rompe o es taponado por un coágulo u otra partícula. Como consecuencia de esta ruptura o bloqueo, una parte del cerebro no recibe el flujo de sangre que necesita y entonces las células nerviosas tampoco reciben oxígeno, por lo que dejan de funcionar y mueren transcurridos unos minutos.

Anualmente se registran en el mundo más de 20 millones de casos de ictus y cerca de seis millones de personas mueren por esta causa. Además, también es la primera causa de discapacidad en adultos en los países industrializados y el segundo motivo de demencia. En el caso de España son 100.000 los nuevos casos de ictus al año, en su mayoría, entre personas mayores de 65 años, aunque tampoco se descarta en jóvenes y niños. “El hecho de que su desarrollo sea más habitual en edades avanzadas conlleva que afecte más a las mujeres, cuya esperanza de vida también es mayor”, explica el coordinador del grupo de estudio de Enfermedades Cerebrovasculares (GEECV) de la Sociedad Española de Neurología, José Larracoechea.

Por otro lado, el desconocimiento de la enfermedad sigue siendo muy amplio. Según una encuesta reciente, siete de cada diez españoles desconoce la enfermedad y los que la saben identificar son precisamente los que tienen menos riesgo de padecerla. Medidas tan sencillas como el control regular de la presión sanguínea o la práctica moderada de ejercicio podrían evitar su aparición.

Día del Ictus

El 18 de noviembre se celebra el Día del Ictus organizado por el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV-SEN). Bajo el lema A cualquier edad. la prevención es vital, se pretende concienciar a la población de la importancia de conocer bien la enfermedad y sus factores de riesgo para poder prevenir su aparición y, si se sufre, saber identificar los signos de alerta para acudir de inmediato a un servicio de urgencias. Este mensaje va dirigido a la población en general, sin distinción de edad, ya que cada vez se manifiesta en pacientes más jóvenes. El ictus o infarto cerebral no es una enfermedad que afecte únicamente a personas mayores. Uno de cada cuatro españoles que sufre un ictus tiene menos de 65 años.

Por comunidades autónomas, Andalucía, Cantabria y La Rioja son aquellas en las que los hipertensos mayores de 55 años tienen más riesgo de sufrir un ictus. Por el contrario, el País Vasco, Castilla y León, Murcia y Aragón se sitúan a la cola.

Los factores de riesgo

Algunos de los factores que pueden aumentar las posibilidades de padecer ictus, como la edad, la historia clínica familiar, la raza o el sexo no se pueden controlar. Sin embargo, hay otros factores muy importantes que pueden ser tratados o modificados mediante la adopción de un estilo de vida saludable. Entre ellos destacan:

· La hipertensión arterial. Está considerada el primer factor de riesgo ya que el 60 por ciento de las personas que ha sufrido un ictus tenían la tensión alta. Los expertos insisten en que la hipertensión multiplica por seis el riesgo de sufrir un ictus. La hipertensión unida a la edad aumenta el riesgo de sufrir la enfermedad: los hipertensos de más de 55 años tienen un 20% más de riesgo de sufrir un infarto cerebral, según el primer estudio nacional sobre el ictus.

· El colesterol. Los niveles altos de colesterol suponen una mayor presencia de grasa en sangre, lo que también influye en el riesgo de sufrir esta enfermedad.

· La diabetes. Aumenta el riesgo de ictus hasta cuatro veces, por lo que su control con ejercicio diario y una dieta pobre en grasa ayuda a reducir estas cifras.

· El tabaquismo. El tabaco duplica las posibilidades de padecer un ictus, cuyo riesgo aumenta al incrementarse el número de cigarros y disminuye si se deja de fumar.

· La obesidad. El sobrepeso obliga al corazón a aumentar su esfuerzo y suele implicar, además, niveles altos de colesterol, hipertensión y diabetes. Si, además, la persona presenta una falta de actividad física importante, el riesgo de ictus es mayor.

· El alcohol. Conviene evitar el consumo excesivo de alcohol ya que puede aumentar la presión sanguínea y causar fallos cardíacos.

· Algunas enfermedades cardíacas. La arteriosclerosis y las enfermedades del corazón multiplican por dos el riesgo de padecer ictus.

Los síntomas

En cuanto a la sintomatología, el ictus no suele ir acompañado de dolor. Normalmente, los síntomas se presentan de una forma repentina y los más frecuentes son la pérdida de fuerza en una mitad de la cara, las extremidades o toda una mitad del cuerpo. Es habitual que se produzca la pérdida de la visión, parcial o total en un solo ojo; sensación de acorchamiento en la cara, brazo y pierna del mismo lado; dificultad para hablar o para comprender el lenguaje e incapacidad súbita para mantener el equilibrio.

La rapidez a la hora de actuar frente a un ictus cerebral es siempre vital. Ante los primeros síntomas, los afectados deben acudir lo más rápido posible a un hospital. “Está comprobado que si se actúa entre las tres y las seis primeras horas, las secuelas se pueden atajar de manera importante”, recuerda el presidente de la Asociación de Ictus de Aragón (AIDA), Manuel Navarro Díaz. “La actuación del neurólogo en esas primeras horas permite recuperar antes las funciones neurológicas y lograr una mayor supervivencia. De lo contrario, las lesiones que no se traten en ese tiempo, pueden ser definitivas. Cuanto más tarde se acuda a urgencias, más se agravará la enfermedad”, precisa José Larracoechea.

Las consecuencias

Las estadísticas confirman que, tras un ictus, una tercera parte de los afectados fallece durante el primer mes, mientras que cerca de un 40 por ciento de los que superan la fase aguda presentan un grado de invalidez que les impide valerse por sí mismos. Sólo un tercio de los enfermos recupera gran parte de sus funciones básicas y pueden recuperar su actividad normal. Otro tercio de los pacientes desarrollan demencia en los tres meses siguientes, según ha señalado el profesor Pablo Martínez-Lage, del Servicio de Neurología de la Clínica Universitaria de Navarra.

El papel que juega la familia es muy importante. Deben apoyar continuamente a los enfermos, puesto que, tras un proceso de estas características es habitual que se presenten episodios depresivos. “Deben darles muchos ánimos y apoyarles en todo momento, porque no es fácil pasar de ser una persona que se vale por sí misma a depender de los demás”, precisa Navarro Díaz. “Todo ocurre de repente. Estás bien y, al momento, pasas a ser una persona discapacitada y no sabes ni lo que te ha pasado”.

Según afirman los expertos, “bastaría el control regular de la presión arterial, una terapia adecuada de la hipertensión y la adopción de hábitos de vida más saludables para recortar drásticamente el terrible coste humano y social del ictus”.

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