Un tratamiento intraduodenal ayuda a controlar la enfermedad de Parkinson avanzada

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Su administración es continua y evita las fluctuaciones motoras de la vía oral convencional. Su administración es continua y evita las fluctuaciones motoras de la vía oral convencional. La bomba de gel con levodopa se administra en España desde el año 2006 y actualmente hay 250 pacientes activos.

La vía de administración de un fármaco puede condicionar el grado de efectividad del mismo. Este es el caso de la levodopa, el tratamiento más conocido para los enfermos de Parkinson avanzado, cuya administración oral era poco efectiva para aquellos que sufrían fluctuaciones del movimiento más grave, con más períodos off a lo largo del día. Superar este reto para mejorar la calidad de vida de estos pacientes pasa por garantizar la administración continua del fármaco, hecho que sólo es posible cuando la vía de entrada es intestinal, ya que la absorción pasa de ser pulsátil a ser 100% continua. Este es el caso de la bomba de gel con levodopa que en el 2010 alcanzó la cifra de 2.000 pacientes activos en Europa; en España se administra desde 2006 y la cifra alcanza los 250.

Durante este tiempo los resultados han demostrado que esta vía (intraduodenal) es eficaz y segura a largo plazo para aquellos enfermos cuya administración oral de levodopa se asocia a la aparición de fluctuaciones motoras y discinesias (movimientos anormales e involuntarios). Esto ocurre porque en fases avanzadas el cerebro tiene dificultades para almacenar y liberar dopamina, el neurotransmisor alterado en la enfermedad de Parkinson. Al administrar levodopa directamente en el duodeno se consigue una absorción continua y se mantienen los niveles constantes en sangre. De esta manera, se evitan trastornos del movimiento y se prolongan los períodos de movilidad normal.

Después de un período de prueba eficaz, en el que se administra el fármaco a través de una sonda que se introduce por la nariz y llega al duodeno (intestino), se realiza una gastrostomía (pequeño orificio a través del abdomen) con el paciente sedado. Por este orificio se introduce una sonda interna muy delgada que pasa a estómago y luego a duodeno; y otra sonda externa que atraviesa la pared del abdomen y fija la sonda interna. Si la persona no tolera este sistema, tiene la ventaja de retirarse y pasar a la medicación oral.

A partir de aquí, el paciente portará consigo y a cualquier lado una bomba que no es más que un sistema de infusión con gel de levodopa, que permite la entrada controlada de la dosis del fármaco. El aparato está conectado a una bomba de infusión portátil, donde se programa la cantidad que necesita el paciente: dosis continua a lo largo del día, dosis matutina o dosis extra, que consiste en una dosis de rescate que el paciente puede utilizar si detecta que la medicación no le ha hecho efecto.

Congreso Internacional de Parkinson: más allá de los trastornos del movimiento

Durante estos días Barcelona ha acogido a especialistas nacionales e internacionales de la enfermedad de Parkinson, para debatir acerca de los nuevos tratamientos -como esta bomba de infusión intraduodenal-, y sobre los últimos avances científicos de esta patología, cuya problemática va más allá de los trastornos del movimiento controlados por fármacos. Así, salió a debate la nueva cara de esta enfermedad, marcada por los denominados trastornos no motores como la demencia, la depresión, los trastornos del sueño o la pérdida del olfato. Dado el elevado impacto sobre la calidad de vida tanto de los pacientes como de sus cuidadores, y su posible implicación en la detección precoz de la enfermedad, los trastornos no motores constituyen hoy el principal foco de atención de neurólogos de todo el mundo, que durante estos días se han reunido en Barcelona bajo la dirección del Dr. Eduard Tolosa, especialista en Parkinson del servicio de Neurología del Hospital Clínic de Barcelona, quien insiste en dar la importancia que realmente tienen este tipo de trastornos, dada su frecuencia y su repercusión sobre los pacientes y sus cuidadores. En algunos casos, como ocurre en la demencia, muchos de estos síntomas constituían síntomas propios de la edad avanzada o consecuencia de la discapacidad progresiva que el trastorno del movimiento ocasiona, y no una parte integral de la enfermedad de Parkinson.

Según el Dr. Tolosa, el 50 por ciento de los enfermos de Parkinson padecen trastornos no motores antes de desarrollar la enfermedad, por lo que su detección constituye un factor predictivo del Parkinson. Cuando éstos aparecen, aumenta el riesgo de padecer la enfermedad. La implementación, por tanto, de estudios específicos y cuestionarios para detectar estos trastornos es crucial no sólo para el abordaje sino también para la predicción de la enfermedad. Un ejemplo es la prueba del olfato que realizan en el Clínic para detectar la hiposmia o pérdida de olfato, que ocurre en más del 70% de los pacientes. Mediante un test de olfacción se puede determinar la detección, identificación y discriminación de los olores. El hecho de que se pueda detectar en estadios iniciales cuando los trastornos motores aún no han aparecido, junto a otros estudios de resonancia magnética, ha permitido concluir que este trastorno no asociado con otra enfermedad puede ser un factor de riesgo del Parkinson.

De la misma manera, trastornos como el estreñimiento, la disfunción urinaria, alteraciones del sueño o alteraciones cardíacas pueden aparecer antes de la aparición de la enfermedad, lo que ha revolucionado la visión de los especialistas sobre cuándo y dónde empieza la enfermedad de Parkinson, y ha abierto la puerta a un diagnóstico precoz años o incluso décadas antes de que aparezcan los síntomas motores. Asimismo los trastornos no motores, de elevada prevalencia en fases avanzadas del Parkinson, son en la actualidad insuficientemente reconocidos por los especialistas y suponen un elevado gasto económico en la sanidad. El impacto sobre los pacientes y su entorno provoca a día de hoy desconcierto, de ahí la importancia de realizar estudios como el de la demencia que ayuden a mejorar el manejo de una enfermedad que hasta ahora era abordada con fármacos que controlar los trastornos del movimiento.

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