Un polimorfismo en un gen explicaría las diferentes respuestas de cada persona frente al alcohol

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El gen es responsable de la velocidad con la que el cuerpo metaboliza el alcohol: al hacerlo de forma más lenta, el cuerpo produce más cantidad de colesterol HDL, que protege el corazón del infarto.

Especialidades relacionadas: Bioquímica Clínica , Medicina Interna, Psiquiatría

Con frecuencia aparecen estudios que aportan datos contradictorios sobre los efectos beneficiosos o negativos del consumo moderado de vino en la salud cardiovascular. Esta diferencia podría ser debida, según un estudio de la Harvard School of Public Health a un polimorfismo en un gen que regula la velocidad con la que el cuerpo metaboliza el alcohol. El estudio ha sido publicado en el New England Journal of Medicine.

Los autores han comprobado que una variante de este gen regula que el cuerpo asimile el alcohol de forma más lenta o rápida, y al hacerlo de forma más lenta se incrementarían los niveles de colesterol bueno (HDL) protector de la salud cardiovascular. Por ello, los consumidores moderados de vino con este gen tienen un riesgo de sufrir un infarto de corazón algo menor que aquellos que asimilan el alcohol más rápidamente. Este gen produce unos enzimas llamados alcohol dehidrogenasa tipo 3 (ADH3) que metabolizan el alcohol. El gen se presenta en dos formas: una lo metaboliza rápidamente y la otra de forma lenta.

Los humanos heredamos dos genes de este tipo, uno por cada uno de los padres. Así que pueden presentar dos genes de metabolización lenta, uno de cada, o en el peor de los casos, dos genes de metabolización rápida del alcohol. Los que presentan los dos genes lentos (una de cada seis personas de raza blanca), tardan dos veces y media más en metabolizar el alcohol que aquellos con los dos genes rápidos.

Un ejemplo significativo, de acuerdo con el estudio, para explicar la relación entre este gen, el consumo de alcohol y el riesgo cardiovascular es que aquellos pacientes que presentaban los dos genes lentos y bebían al menos una bebida alcohólica por día, tenían un riesgo un 85 por ciento más bajo de sufrir un infarto que aquellos que presentaban los dos genes rápidos, aunque éstos bebieran con poca frecuencia. Pero esta constitución sólo beneficia, como hemos dicho, a una de cada seis personas. El riesgo seguía siendo mayor teniendo también en cuenta el hábito de fumar, el sobrepeso o el historial cardiovascular de los pacientes. La teoría de estos investigadores es que la metabolización lenta del alcohol le proporciona una mayor cantidad de colesterol HDL.

El estudio se enmarca dentro de la carrera por encontrar marcadores que determinen genéticamente poblaciones de riesgo de determinadas patologías, en este caso del infarto de corazón. Y también en la carrera por entender las diferentes respuestas que las personas pueden tener frente al consumo de ciertas sustancias como las drogas.

El resumen del estudio en New England Journal of Medicine 2001;344:549-55.

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