Un estudio independiente confirma los efectos positivos para la salud del L. casei

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Un ensayo clínico publicado recientemente en la prestigiosa revista British Medical Journal demuestra que, en personas de más de 50 años el consumo de dos unidades al día de leche fermentada con L.casei DN 114 001 (Actimel®) durante un tratamiento con antibióticos en el medio hospitalario, reduce un 22 por ciento la incidencia total de diarreas y un 17 por ciento las diarreas causadas por Clostridium difficile.

“La diarrea representa una complicación frecuente del tratamiento con antibióticos y la infección por Clostridium difficile es la causa más importante de diarrea nosocomial, pudiendo estar en el origen de síntomas severos e incluso acarrear un desenlace fatal, señala el Profesor Chistopher Bulpitt, investigador del Hammersmith Hospital de Londres y autor principal del estudio. “Reducir la incidencia de la diarrea asociada a los antibióticos a través de las bebidas probióticas podría ser un medio para disminuir la mortalidad de los pacientes de más de 50 años, así como el gasto sanitario que comporta estos trastornos”, afirma.

Según los resultados del estudio 19 pacientes de un total de 56 del grupo placebo sufrieron diarreas; mientras que en el grupo que recibió el producto, la diarrea sólo afectó a siete sujetos de 57. En el caso de diarreas asociadas a Clostridium difficilelos resultados todavía fueron mejores: ningún participante del grupo que tomó Actimel® tuvo diarreas, frente a nueve personas del grupo placebo.

La prensa británica se ha hecho eco de los resultados de este estudio, que podría suponer una ayuda inestimable en la batalla contra las infecciones nosocomiales hospitalarias, que tantas víctimas se cobra anualmente. De hecho, la diarrea causada por el Clostridium difficile es responsable de un 15-25 por ciento del total de casos de diarrea secundarios al tratamiento antibiótico y que afecta, la mayoría de las veces, a personas de edad avanzada.

Aunque anteriores investigaciones ya habían demostrado los efectos beneficiosos de los probióticos en la prevención y tratamiento de la diarrea subsiguiente al tratamiento con antibióticos, éste es el primer estudio que prueba el efecto preventivo de Actimel® sobre el Clostridium difficile. “En efecto, se trata de un excelente estudio, publicado en una revista médica de alto prestigio científico y de difusión internacional con un gran impacto en la comunidad médica, añade el Dr. Francisco Guarner, gastroenterólogo del Departamento de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d”Hebron de Barcelona.

“Quizá el hallazgo más significativo de este ensayo clínico consiste en tener la posibilidad de que el consumo habitual del producto de estudio (probiótico) en una cantidad de dos tomas diarias, en pacientes que sobrepasan los 50 años de edad, reduzca su morbilidad y en consecuencia, los gastos de la atención sanitaria, además de prevenir la aparición de diarrea consecuencia de tratamiento con antibióticos o derivada de la infección con Clostridium difficile, comenta la Dra. Ascensión Marcos, profesora de investigación en el CSIC, expresidenta de la Sociedad Española de Nutrición y tesorera de la Federación Europea de Sociedades de Nutrición. “Aunque no sabemos a qué bacteria láctica se debe el resultado, quizá sea la combinación de las tres y una potenciación de sus efectos individuales”, admite.

El Clostridium difficile es una bacteria responsable de diarreas asociadas a un tratamiento antibiótico. Además, es la causa de las diarreas de mayor prevalencia en los hospitales y residencias. Por ello, estos resultados tienen una gran relevancia social, ya que con un producto habitual de consumo se puede prevenir un importante problema de salud entre las personas mayores.

Detalles del estudio

En este estudio, aleatorizado, a doble ciego y contra placebo, han participado 135 pacientes ingresados por distintas causas en tres hospitales de Londres: Hammersmith, Charing Cross y Hillingdon. Los criterios de inclusión y de exclusión fueron muy estrictos con el fin de que el grupo de sujetos fuera homogéneo. Así, todos los participantes eran pacientes mayores de 50 años tratados con antibióticos (simples o múltiples, orales o intravenosos) y capaces de comer y beber por vía oral. Asimismo fueron excluidos del ensayo aquellos pacientes con diarrea al ingreso o en la semana anterior, diarreas repetidas, patologías intestinales que incluyan diarrea, uso de antibióticos en las cuatro semanas anteriores al estudio, enfermedad grave, inmunosupresión, cirugía intestinal, válvulas cardiacas artificiales e historia de enfermedad cardiaca reumatoide o endocarditis infecciosa. También se eliminaron del estudio aquellos sujetos que tomaban con regularidad probióticos y aquellos que eran intolerantes a la lactosa o los productos lácteos.

Finalmente, los voluntarios fueron distribuidos al azar en dos grupos. Al primero se le administró dos veces al día 100 g (97 mL) de una bebida a base de leche fermentada que contiene tres bacterias lácticas: Lactobacillus casei DN-114 001 (108 ufc/mL), L. bulgaricus (108 ufc/mL) y Streptococcus thermophilus (107 ufc/mL), producto comercializado como Actimel®. Mientras que el segundo recibió un batido estéril de larga duración que, claro está, no contenía probióticos. La toma de ambos productos se inició durante el tratamiento con antibióticos y finalizó una semana después de haber acabado la medicación.

“El índice de pacientes que presentan diarreas en el grupo placebo es substancialmente mayor (36 por ciento) al que cabría esperar de acuerdo con los índices observados en otros estudios (15-25 por ciento). Esto puede ser debido a la presencia de lactosa en el producto placebo, comenta el Dr. Francisco Guarner. La ingestión de lactosa en sujetos con deficiencia de lactasa puede provocar diarreas. La prevalencia de deficiencia de lactasa en personas de edad avanzada puede llegar al 40-50 por ciento. Sin embargo, los resultados obtenidos en la prevención de las infecciones por Clostridium difficile no pueden explicarse por la utilización de lactosa contenida en el placebo”.

En efecto, los resultados del estudio fueron concluyentes. En el grupo que tomó el probiótico, un 12 por ciento (7/57) de los pacientes desarrollaron diarrea asociada al tratamiento antibiótico, mientras que en el grupo placebo este porcentaje ascendió a un 34 por ciento (19/56), lo que significa que mientras dos de cada tres de los pacientes tienen la alteración intestinal en condiciones normales, cuando reciben el producto sólo afecta a uno de cada tres, valores para tener muy en cuenta. En relación con la diarrea causada por Clostridium difficile, un 17 por ciento de los pacientes del grupo control tuvo diarrea mientras que esta alteración no existió en el grupo que fue intervenido con el probiótico.

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