Ocho de cada diez mujeres menopáusicas sufren dolor articular

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La disminución de los niveles de estrógenos, que se produce con la llegada de la menopausia, es uno de los factores de riesgo para desarrollar artrosis. Los objetivos del tratamiento serán siempre aliviar el dolor y el malestar, minimizar la incapacidad funcional, retrasar la progresión de la enfermedad y también garantizar la seguridad.

Ocho de cada diez mujeres menopáusicas sufren dolor articular

En España hay siete millones de personas que sufren artrosis. Según el estudio EPISER la prevalencia de esta enfermedad experimenta un brusco aumento en mujeres de más de 45 años y se ha demostrando que una de las causas es la pérdida de estrógenos debido a la llegada de la menopausia.

Según el estudio Mujer Menopáusica y Artrosis del año 2010, un 84 por ciento de las mujeres menopáusicas tiene dolores articulares y, de éstas, un 61 por ciento lo define como intenso o insoportable. De las 1.102 mujeres que participan en el estudio, casi el 34 por ciento están diagnosticadas de artrosis. Sin embargo, siguiendo criterios del American College of Rheumatism, son el 59 por ciento quienes la padecen. El estudio concluye que la artrosis es una enfermedad infra diagnosticada en la mujer menopáusica que influye negativamente en su calidad de vida.

Uno de los estudios clínicos que apunta a las causas de estos resultados es el “Estradiol and its metabolites and their association with knee osteoarthritis” publicado en la prestigiosa publicación del American College of Rheumatism, Artritis & Rheumatism en 2006. Este estudio concluye que el descenso de estrógenos es un factor de riesgo para desarrollar artrosis de rodilla en mujeres pre menopáusicas. Revela la incidencia de las hormonas sexuales en el desarrollo de la artrosis, al estar implicadas en la inflamación de los tejidos.

Por eso, el papel del ginecólogo es cada vez más importante en la prevención y diagnóstico de esta patología. Cuando este especialista visita a pacientes llegadas a la edad de la menopausia es muy probable que al preguntar sobre su estado de salud digan que es bueno pero que tienen molestias o dolores osteoarticulares.

El II Curso de Formación Continuada para Ginecólogos titulado La artrosis en la mujer menopáusica, y organizado por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) y la Sección de Menopausia de la Sociedad Catalana de Obstetricia y Ginecología, con el apoyo de Bioibérica Farma, ha hecho una revisión de los últimos estudios realizados en España y ha dado las herramientas a los especialistas para diagnosticar y tratar esta enfermedad.

El Dr. Esteban Rodríguez Bueno, ginecólogo y Coordinador Nacional del Grupo de Artrosis de la AEEM, define la artrosis como “la enfermedad de las tres efes”. “En primer lugar, es femenina porque afecta más a las mujeres que a los hombres; en segundo lugar, es frecuente porque el 80 por ciento de las mujeres menopáusicas tiene dolores articulares; y en tercer lugar, es relativamente fácil de diagnosticar, porque si de inicio es muy difícil, cuando empieza a dar algún problema se detecta rápidamente”, explica.

La artrosis no se puede curar pero sí se puede tratar y mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen. Desde la AEEM se recomienda, por ejemplo, vigilar el peso, evitar los tacones altos, realizar ejercicio moderado y, si es necesario, ayudarse de un bastón. Además, se recomienda el tratamiento con medicamentos condroprotectores para proteger el cartílago articular y aliviar el dolor.

El tratamiento de la artrosis

El dolor y la incapacidad funcional son los principales síntomas de la artrosis, una enfermedad degenerativa, inflamatoria y crónica del aparato locomotor debida al desgaste de las articulaciones. Los objetivos del tratamiento serán siempre aliviar el dolor y el malestar, minimizar la incapacidad funcional, retrasar la progresión de la enfermedad y también garantizar la seguridad. Tradicionalmente, el tratamiento farmacológico de la artrosis se ha basado en la administración de fármacos antiinflamatorios que alivian rápido el dolor pero que no son capaces de modificar la evolución de la enfermedad, ya que los síntomas reaparecen después de la supresión del tratamiento. Además presentan problemas de seguridad (gastrointestinales, cardiovasculares, hepáticos y renales) y pueden presentar problemas de interacción con otros medicamentos.

En cambio, los condroprotectores (término que literalmente significa: medicamentos protectores del cartílago) son fármacos de acción sintomática lenta (SYSADOA) que actúan directamente sobre las tres estructuras de la articulación afectadas por la artrosis: el cartílago articular, la membrana sinovial y el hueso subcondral. No sólo alivian los síntomas de la artrosis, sino que se está demostrando que tienen capacidad para atacar la enfermedad de raíz, frenando el proceso degenerativo que tiene lugar en las articulaciones. Numerosos estudios avalan los condroprotectores por su alto perfil de seguridad, eficacia y coste.

Seguridad: Los condroprotectores son de origen natural y eso hace que sean muy seguros, que no tengan efectos secundarios y que se puedan tomar durante largo tiempo. El condroitín sulfato es un glucosaminoglicano natural presente en la matriz extracelular del cartílago y otros muchos tejidos. Su principal ventaja es que no se metaboliza por el citocromo P450, como sucede con la mayoría de fármacos y esto implica que no puede presentar interacción con otros medicamentos.

Eficacia: Los condroprotectores tienen una eficacia parecida a la de los antiinflamatorios pero la ventaja es que su efecto dura más tiempo, hasta dos o tres meses después de terminar el tratamiento. En cambio, son fármacos de acción lenta, lo que significa que tardan varias semanas a empezar a hacer efecto.

Coste: Los condroprotectores presentan ventajas fármaco económicas, es decir, ahorro de costes para el Sistema Nacional de Salud. Un reciente estudio determina que el coste de un paciente tratado durante seis meses con condroitín sulfato es de 141 euros. En cambio, el coste del mismo paciente tratado con antiinflamatorios es de 182 euros. Esto supone 38 millones de euros de ahorro en tres años si un 15 por ciento de los pacientes pasara a tratarse con condroitín sulfato.

Las guías terapéuticas para el tratamiento de la artrosis, avaladas por sociedades científicas nacionales (SER, SEMERGEN) e internacionales (OARSI i EULAR), otorgan el máximo nivel de evidencia científica (1A) y el grado de recomendación más alto (A) para el condroitín sulfato y el sulfato de glucosamina en el tratamiento de la artrosis.

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