Los costes de la artrosis

Canal: Profesional

La artrosis es una enfermedad reumática degenerativa e inflamatoria que provoca el 30,8 por ciento de los casos de incapacidad laboral permanente en España, además de ser una de las causas más importantes de discapacidad entre las personas mayores de 60 años.

Una de las principales consecuencias de la artrosis es el aumento del consumo de fármacos para controlar sus principales síntomas, dolor e inflamación. Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE”s) son los más utilizados en el tratamiento antirreumático. Más de seis millones de españoles consumen AINE”s de forma habitual o prolongada, según datos del estudio EPISER realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER). Estos fármacos, aunque muy útiles para el dolor y la inflamación, provocan ciertas molestias gastrointestinales. El consumo de antiinflamatorios no esteroideos produce anualmente en España unas 123.000 úlceras y unas 41.000 hemorragias digestivas, lo que ocasiona más de 40.000 ingresos hospitalarios al año y más de un millón de visitas al médico de Atención Primaria, según este mismo estudio.

Los reumatismos constituyen un conjunto de 300 enfermedades degenerativas, inflamatorias, metabólicas o infecciosas, que producen dolor y limitación de la capacidad funcional en los huesos, articulaciones, tendones o ligamentos. En general, estas enfermedades se manifiestan con dolor musculoesquelético e inflamación de las articulaciones, lo que provoca en quien las padece incapacidad para realizar actividades cotidianas.

Mejorar la vida del paciente

La artrosis es una enfermedad que debe tratarse desde diversos puntos de vista. Para conseguir un abordaje integral de esta enfermedad es necesario mejorar la información y la educación de los pacientes con programas de autocuidados, promocionar medidas higiénicas, coincienciar a los pacientes sobre la importancia de controlar el peso o realizar ejercicio, entre otros aspectos.

Además, para mejorar la calidad de vida del paciente, es importante mejorar la relación médico-paciente, aumentar el grado de información del enfermo y de sus familiares sobre la enfermedad, fomentar el reposo y la ergonomía o economía articular, conservar la función articular, controlar el dolor, combatir la fatiga y el cansancio y enfrentarse a los procesos depresivos.

Según explica el doctor Arturo Rodríguez de la Serna, jefe clínico del Servicio de Reumatología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, “los síntomas que la enfermedad produce son fundamentalmente dolor y alteraciones estéticas (aumento y deformidad de la articulación afectada), junto a trastornos en la capacidad funcional lo que produce dificultad para actividades laborales y de la vida diaria”.

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