La resonancia magnética ayuda a predecir la respuesta a la quimioterapia neoadyuvante en cáncer de mama

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Las nuevas líneas de investigación se centran en ese 30% de pacientes de difícil diagnóstico y seguimiento, en las que la resonancia magnética con espectroscopia y difusión podrían ser útiles para determinar su respuesta a la quimioterapia convencional.

La resonancia magnética ayuda a predecir la respuesta a la quimioterapia neoadyuvante en cáncer de mama

La predicción de la respuesta a la quimioterapia convencional o neoadyuvante empieza a dejar de ser una incógnita gracias al empleo de la resonancia magnética, especialmente en mujeres con características anatómicas de difícil diagnóstico. “A este grupo pertenecen las pacientes jóvenes con alta densidad mamaria, en las que se ha comprobado que la resonancia magnética aporta información más exacta y precisa que la que ofrece una mamografía o ecografía”, explica la doctora Julia Camps, jefe de servicio de Radiología del Hospital Universitario de La Ribera en Alzira, Valencia, con motivo de su participación en el Curso de Formación Multidisciplinar en Cáncer de Mama, que organiza el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM) en el Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

Las técnicas de diagnóstico son una pieza clave en la lucha contra el cáncer de mama, pero no es la única, como bien explica el doctor Agustí Barnadas, coordinador de la jornada, en la que se dan citan estos días más de un centenar de especialistas de toda España. “El tratamiento del cáncer de mama requiere una visión multidisciplinar, de ahí que el curso tiene por objeto difundir unas pautas estandarizadas para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de las pacientes que entronca con el compromiso de GEICAM con la formación continuada de los especialistas”.

Mapa quirúrgico

La resonancia magnética se lleva empleando más de diez años en la evaluación preoperatoria de la mama para determinar el estadio y la extensión del cáncer. Más recientemente, diversos estudios confirman su empleo como método de validación de la respuesta a la quimioterapia neoadyuvante, es decir, antes de la cirugía para lograr reducir el volumen tumoral. En opinión de la doctora Camps, “la clave del éxito de esta técnica es que sea utilizada conjuntamente con el resto de pruebas diagnósticas, como la mamografía y la ecografía. Por su precisión y alta sensibilidad, aporta un mapa quirúrgico más exacto de inestimable ayuda al cirujano para acometer con éxito la intervención”.

Nuevas líneas de investigación valoran el uso de otras secuencias funcionales de resonancia magnética (la espectroscopia y la difusión) para suplir las limitaciones actuales. “Se está viendo que estas nuevas secuencias pueden predecir con una antelación de días e incluso horas, la respuesta para que el oncólogo pueda valorar si cambia o no el tratamiento que está administrando a la paciente”, aclara esta experta en radiología. En cuanto a su futuro, la doctora Camps aventura que “la resonancia magnética sin contraste podría ser útil incluso como alternativa a la mamografía, si bien, por el momento, se trata de estudios aislados”.

Investigación en continua evolución

La investigación en cáncer de mama no se detiene y la tendencia es seguir profundizando en su conocimiento biológico y el estudio de nuevas estrategias terapéuticas adaptadas a los diferentes subtipos tumorales. “Si podemos identificar los puntos críticos de la maquinaria celular, contaremos con nuevas oportunidades para mejorar las estrategias terapéuticas ya disponibles”, explica la doctora Lourdes Calvo, especialista en oncología en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña. “Las plataformas genómicas nos han permitido conocer mejor la biología tumoral, ofreciéndonos un pronóstico más exacto y en algunos casos concretos, en cuanto al tratamiento adyuvante y los estadios iniciales, clasificar mejor a las pacientes con el fin de administrarle el tratamiento más específico, menos tóxico y que además aporte supervivencia”.

Hasta ahora se actúa sobre cuatro grupos de tumores, pero los expertos consideran la existencia de hasta 10 grupos diferenciados con diferentes genes implicados, diferente pronóstico y diferentes posibilidades terapéuticas. La identificación del subtipo tumoral es decisivo para determinar no sólo los fármacos más efectivos, sino también los menos tóxicos para cada mujer.

El gran reto es, por tanto, la clasificación molecular del tumor, conocer el grado de respuesta ante un determinado tratamiento y poder detectar a tiempo la aparición de resistencias a la terapia administrada. Mientras la ciencia sigue su curso, continúa esta experta, “las mujeres deben saber que su implicación en el proceso de recuperación es fundamental. Sabemos que una buena alimentación, evitar el sobrepeso y la práctica regular de ejercicio físico moderado, previene la recaída, además de ayudar a las pacientes a llevar mejor la enfermedad”.

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