La mayoría de españoles considera la cirrosis como la enfermedad digestiva más grave por detrás del cáncer

Canal: Profesional

El 94 por ciento de los españoles considera que la cirrosis es la enfermedad digestiva más grave, por detrás de los cánceres digestivos, según datos del estudio Las Enfermedades Digestivas en la Población Española realizado por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

La cirrosis es una patología crónica, progresiva e irreversible en la que el tejido hepático va siendo sustituido por tejido fibroso junto a nódulos de regeneración. Existen multitud de síntomas asociados a la enfermedad, ascitis, náuseas, vómitos, confusión, ictericia, debilidad, pérdida de peso y dolor abdominal, entre otros. Se caracteriza por el desarrollo de complicaciones derivadas de la presencia de hipertensión portal, insuficiencia hepática y una disfunción circulatoria que se conoce como síndrome hepatocirculatorio. Las complicaciones más frecuentes son las varices esofágicas (dilatación de las venas del esófago, las cuales pueden sangrar y dar lugar a una hemorragia digestiva), ascitis y encefalopatía hepática.

Según este estudio, el 94 por ciento de los españoles considera que la cirrosis es la enfermedad digestiva más grave, por detrás de los cánceres digestivos. Además, un 15 por ciento de los encuestados cree que esta patología no tiene un tratamiento adecuado. Sin embargo, según la doctora Marina Berenguer, portavoz de la SEPD y especialista en Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Fe de Valencia, “el concepto de cirrosis engloba un espectro muy amplio, con diferentes características dependiendo del estadio de la enfermedad. De hecho, cuando la cirrosis está compensada, sin complicaciones, la supervivencia es del 90 por ciento a los cinco años”, afirma.

La cirrosis está ocasionada, principalmente, por el abuso de alcohol prolongado y la infección por hepatitis C (aunque hoy se han disminuido drásticamente los nuevos contagios, su incidencia aumenta ya que el virus puede estar alojado en la sangre sin manifestarse hasta 30 años). Otras causas de cirrosis pueden ser: hepatitis B, medicamentos, inflamación autoinmune del hígado, trastornos en el sistema de drenaje del hígado (el sistema biliar); y trastornos metabólicos de hierro y cobre (hemocromatosis y enfermedad de Wilson).

“Eliminar o actuar contra la causa etiológica que subyace tras esta enfermedad”, asegura la doctora Berenguer, “es la mejor forma de luchar contra la cirrosis, es decir, la eliminación del alcohol y el control de los virus de la hepatitis C y B son las principales armas para luchar contra la causa que produce esa alteración hepática”, recuerda esta especialista.

Según diversas estimaciones de los expertos, la prevalencia de la cirrosis en España es de entre un uno y un dos por ciento de la población; y es más frecuente en varones a partir de los 50 años. Además, los casos de cirrosis en España podrían multiplicarse en los próximos años debido al incremento del sobrepeso en la población, que actualmente afecta a la mitad de la población, y a los nuevos casos de hepatitis C crónica.

El diagnóstico de la cirrosis puede ser en ocasiones casual si el médico observa alteraciones analíticas en un control del paciente. “A veces, según la doctora Berenguer, puede existir alteración estructural en el hígado pero el paciente no saberlo al no tener molestias”.

Tratamiento de las complicaciones y trasplante hepático

El tratamiento está orientado hacia el manejo de las complicaciones de la cirrosis y a prevenir un daño hepático posterior. Se debe suspender el consumo de alcohol. Y dependiendo de las complicaciones que desarrolle el paciente, se empleará un tratamiento farmacológico u otro.

Cuando la descompensación de la enfermedad es tan grave que está en peligro la vida del paciente en un plazo de seis a doce meses, el tratamiento de elección es el trasplante hepático. “Se trata de una cirugía agresiva que, obviamente hay que realizar cuando no existan contraindicaciones, pero que permite prolongar la supervivencia del paciente. Los datos de supervivencia se cifran en el 80- 90 por ciento al año y en el 60-80 por ciento a los cinco años”, detalla la doctora Berenguer.

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