La investigación biomédica, el sector español de I+D más perjudicado por la crisis económica

Canal: Profesional

Los expertos denuncian los recortes en investigación biomédica, falta de cumplimiento de compromisos adquiridos y un déficit de inversión privada. Además, la creciente burocratización es una de las principales limitaciones para el avance de la investigación científica y clínica en España.

El objetivo principal y final de la investigación biomédica “es la prevención de las enfermedades y la curación de los pacientes; partiendo de este hecho, es posible que los actuales recortes de financiación en este campo se vinculen con un peores resultados futuros en la atención de estas necesidades”, según expuso Agustín Zapata, Catedrático de Biología Celular de la Universidad Complutense de Madrid y exSubdirector del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), en el marco de un Debate en Red, promovido por el Instituto Roche.

Bajo el sugerente título Financiación de la investigación biomédica en un contexto de crisis: un compromiso público-privado, reputados expertos españoles de distintos ámbitos de la investigación básica y clínica dieron su opinión sobre los retos y posibilidades que plantea la actual coyuntura económica en el ámbito de la investigación biomédica en nuestro país. La sesión, seguida a través de Internet con gran interés por centenares de usuarios del Canal MDI del Instituto Roche, sirvió para ofrecer una visión crítica y realista de un campo de la Investigación y el Desarrollo (I+D) que está sufriendo de forma particularmente nefasta la crisis económica.

Junto a Agustín Zapata, el encuentro contó con la participación de profesionales destacados en la planificación de la política científica en nuestro país, como Emilio Muñoz (Presidente del Comité Científico de ASEBIO, exPresidente del CSIC y exDirector General de Política Científica), Joaquín Arenas (Subdirector General de Evaluación y Fomento de la Investigación y de Redes y Centros de Investigación Cooperativa, ISCIII), y Francisco Fernández-Avilés (Catedrático de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y Jefe de Servicio de Cardiología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid). Todos coincidieron a la hora de subrayar que la investigación biomédica es un factor clave de independencia, fortaleza y progreso de un país, por lo que ésta debe mantenerse y potenciarse.

Diagnóstico de la situación

Como reconoció el moderador del debate, el catedrático Agustín Zapata, “la investigación biomédica en nuestro país es el sector de I+D que más se ha visto perjudicado por la actual crisis económica”. Esto es así en gran parte, a su juicio, “porque la industria farmacéutica, que es clave en el desarrollo de ensayos clínicos y de otras iniciativas de investigación básica y clínica, está siendo sometida a importantes restricciones y ha optado por minimizar sus inversiones en este ámbito”.

Ante esta situación, se coincidió en señalar que invertir en investigación biomédica pasa por ser en estos momentos la mejor alternativa posible para evitar el colapso de la sanidad pública española, “aunque para racionalizar los costes y optimizar los recursos es indispensable priorizar necesidades y diversificar los estudios”, recalcó Emilio Muñoz.

Similares ideas expuso el Dr. Fernández-Avilés, para quien “la crisis económica ofrece la posibilidad de priorizar y optimizar recursos”; por ello, recomienda, “debemos rediseñar y reinventar la forma en la que se hace esta investigación, buscando una mayor utilidad y la rápida traslación a la práctica clínica”.

Uno de los principales males que aquejan a la investigación biomédica en nuestro país es la burocratización. Según expuso el Dr. Francisco Fernández-Avilés, “la burocratización se ha erigido en una de las principales limitaciones para el avance de la investigación científica y clínica en España. Incluso, es un problema para la industria farmacéutica, que están llevándose estudios fase III a otros países”.

Como dato ilustrativo, el Dr. Joaquín Arenas, apuntó que “los contratos de investigación biomédica tardan en firmarse en España una media de 210 días, lo cual es inaceptable, más aún cuando en la Unión Europea la media de tiempo que se tarda es de unos 120 días”. Por ello, propuso, “adoptar una vía paralela a la oficial para acelerar este proceso, acortando los tiempos para ser competitivos en la UE”.

Como otra queja adicional, este experto indicó que “España no ha cumplido con las promesas adquiridas, a nivel europeo, en materia de inversión pública y privada en I+D y, concretamente, en investigación biomédica”; incluso, subrayó, “un problema adicional es que en nuestro país aún sigue siendo mínima la proporción de I+D que se financia con dinero privado, a pesar de que era un compromiso adquirido”. Sobre esta idea, el Dr. Fernández-Avilés insistió en que “estamos asistiendo a una dramática disminución de la inversión en I+D y a un claro predominio de la financiación pública, siendo una mínima parte la que realmente llega a la investigación traslacional”.

Por su parte, el Dr. Emilio Muñoz resaltó en este foro de discusión otro obstáculo que debe superar la investigación biomédica en España, como es “el creciente encarecimiento de la misma, cuando debería estar ocurriendo todo lo contrario; además, me preocupa el decreciente valor que se le está concediendo al capital humano, que es esencial para seguir avanzando satisfactoriamente”.

Margen de mejora

Respecto a las medidas a adoptar para salir de esta situación, se acepta como urgente y necesario un cambio de actitud. Según el Presidente del Comité Científico de ASEBIO, Emilio Muñoz, “los ciudadanos tienen una excelente percepción de la sanidad, pero los políticos no parecen sensibles a esta realidad”; tal y como añadió, “en España el error radica en que, con frecuencia, los poderes políticos, sanitarios y económicos contemplan la investigación biomédica como un gasto y no como una inversión ni como un pilar decisivo del sistema productivo, de ahí que la tendencia más sencilla en momentos de crisis pasa por hacer recortes en este ámbito, lo cual es un fallo manifiesto”.

Resulta imprescindible que se acepte a la investigación biomédica como un elemento esencial para la salud y prosperidad del sistema sanitario. Y no sólo eso, añade Emilio Muñoz, “también debemos reconocer y difundir que genera importantes retornos económicos (en el Reino Unido se ha calculado que por cada libra de inversión en enfermedades cardiovasculares y mentales, se retornan 0,39 céntimos de libra)”.

Por su parte, el Dr. Francisco Fernández-Avilés, cardiólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, pone el acento en dos medidas a adoptar. “Por un lado, el sector productivo se tiene que incorporar a la investigación biomédica de las instituciones sanitarias (con total transparencia); por otro, hay que cuidar a los profesionales, que han perdido el interés por vincularse con la investigación biomédica”.

Junto a estas soluciones, el catedrático Agustín Zapata advirtió de la importancia de “estrechar relaciones entre los institutos de investigación sanitaria y los hospitales, manteniendo algunos centros de investigación básica de excelencia”. Además, como señaló el Dr. Fernández-Avilés, “es fundamental que cambiemos la concepción actual de los hospitales, que deben constituirse como plataformas de I+D+i en el ámbito de la investigación biomédica”.

También se aconsejó fomentar las estructuras de investigación cooperativas (como las redes temáticas, los CIBER y los institutos de investigación sanitaria), que han servido para superar muchas de las barreras que se plantean en la investigación traslacional (que trata de fomentar el paso de la ciencia básica a la clínica, así como la generación de hipótesis desde la ciencia clínica para ser respondidas por la ciencia básica). A juicio de Joaquín Arenas, “el balance ha sido muy positivo, puesto que se ha conseguido fomentar la colaboración y cohesión entre investigadores y entre éstos y los clínicos”.

La trascendencia de los ensayos clínicos

Los ensayos clínicos son un bien a proteger y fomentar en la investigación biomédica. Según el cardiólogo Fernández-Avilés, “constituyen la esencia de la Medicina Basada en la Evidencia y favorecen una mejor asistencia sanitaria (más de un 80 por ciento del incremento de la esperanza de vida en la población occidental en los últimos años se debe a las lecciones derivadas de ensayos clínicos); además, ofrecen un retorno económico importante para los países que los acogen y mejoran la atención clínica en aquellos centros en los que se llevan a cabo”; sin embargo, “en estos momentos es una pesadilla afrontar la burocracia asociada a los ensayos clínicos, y la dificultad es aún mayor cuando quien hace la investigación es un grupo independiente que no tiene el respaldo de una compañía farmacéutica”.

Pero la Industria Farmacéutica afincada en España es generalmente reacia a financiar ensayos clínicos, especialmente en sus primeras fases de desarrollo (fase I y II). “Esto se debe a que las empresas que son españolas son generalmente pequeñas y tienen poco poder, mientras que las grandes compañías farmacéuticas tienen sus centros de investigación en otros países”, aseguró Agustín Zapata; sin duda, sentenció, “es muy mejorable la participación española en estudios de desarrollo inicial de fármacos”.

Además, se considera que la industria farmacéutica debe hacer una mayor inversión tanto en investigación básica como clínica, apoyándose en el Sistema Nacional de Salud, articulándose acuerdos de colaboración para que todo el mundo gane. Y es que, según explicó Emilio Muñoz, “la conexión entre las entidades públicas y las privadas es cada vez más necesaria, más aún en el actual momento de crisis económica. A pesar del difícil diálogo entre ambas partes, su colaboración resulta vital para el futuro de la investigación biomédica en España”.

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