La detección precoz de las enfermedades prostáticas

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La tardía detección del cáncer de próstata preocupa a los urólogos, que organizan campañas de difusión destinadas a que el médico de familia colabore en el diagnóstico precoz.

Especialidades relacionadas: Geriatría, Medicina Familiar y Comunitaria, Urología

Según datos de la Asociación Española de Urología (AEU), un millón y medio de españoles con edades comprendidas entre los 50 y los 75 años están en riesgo de padecer cáncer de próstata. El 9,5 por ciento de los varones (es decir, 475.000) lo desarrollará de forma clínica o manifiesta y 144.000 morirán por esta causa en los próximos años. En la actualidad se producen en España 3.600 fallecimientos al año por esta patología.

Pero con estos datos alarmantes, la Asociación Española de Urología no pretende crear una situación desalentadora, sino proporcionar información suficiente al médico de primaria a fin de que éste ponga en marcha los pertinentes mecanismos de detección precoz y diagnóstico diferencial. Según estos especialistas los antecedentes familiares en esta patología son determinantes para delimitar el factor de riesgo del individuo.

Diagnóstico y tratamiento

El cáncer de próstata es, como el de mama femenino, un tumor hormonodependiente y se ha demostrado que los andrógenos u hormonas masculinas incrementan notablemente la velocidad de desarrollo de este tipo de cáncer. Aún así la evolución es tan lenta que dificulta su diagnóstico, ya que el 30 por ciento de los tumores se detecta cuando ya existe metástasis.

Los métodos de detección más sencillos y económicos son el tacto rectal y la determinación del antígeno prostático (PSA), que se realiza a través de un análisis sanguíneo. En cuanto al tratamiento, los urólogos consideran que sólo debe recurrirse a la cirugía cuando el cáncer está localizado y no existe diseminación de células cancerígenas a otros órganos, en este estadio es cuando la enfermedad puede curarse.

Existen otros tratamientos más recientes como la braquiterapia con semillas radiactivas, que consiste en la implantación de isótopos de baja energía, como el yodo 125, en el interior de la glándula prostática mediante agujas guiadas a través del periné por un sistema ecográfico transrectal. La dosis de radiación se confina a la próstata sin afectar a los órganos vecinos. Se trata de una técnica que viene utilizándose hace ya diez años en Estados Unidos y que en España ha empezado a utilizarse, sólo en determinados centros, a partir de 1999.

Otras patologías

Pero la enfermedad más frecuente de próstata es la hiperplasia benigna de próstata (HPB), un tumor benigno para el que recibe tratamiento más del 80 por ciento de la población masculina mayor de 50 años. A partir de esa edad, la próstata puede crecer dando lugar a la hiperplasia, de manera que comprime la uretra. Cuando aparece esta compresión, el músculo de la vejiga debe hacer más esfuerzo al orinar para vencer el obstáculo creado por la HBP, lo que puede provocar su fatiga y fallo parcial. En estos casos, la orina que queda estancada en la vejiga puede causar infección o facilitar la formación de piedras. A la larga induce la aparición de insuficiencia renal. El tratamiento tradicional es el quirúrgico, aunque también se utilizan fármacos como los alfabloqueantes y el finasteride.

Existen otras alternativas, aunque la Asociación Española de Urología de momento no asegura su eficacia, como es el caso de la hipertermia prostática, la prótesis endouretral y la divulsión prostática.

Los jóvenes no están exentos de enfermedad

La afección prostática más frecuente en el hombre joven es la prostatitis, es decir, la inflamación de la próstata que en ocasiones se acompaña de infección. Esta patología no guarda ninguna relación con el cáncer de próstata ni con la hiperplasia benigna de próstata.

La prostatitis aguda es el tipo más grave, por la posibilidad de que la infección pase a la sangre y se generalice, poniendo en peligro la vida del paciente. Los síntomas que la diferencian son la aparición brusca de la enfermedad, con escalofríos, fiebre alta e incluso dolor en la zona testicular, el bajo vientre y periné, además de las molestias severas al orinar que inducen retención de orina.

Para el diagnóstico se utilizan el tacto rectal, el estudio microbiológico fraccionado, la ecografía y el estudio de las presiones de la vejiga y la uretra para el diagnóstico de prostatodinia o mialgia del suelo pélvico. Para el tratamiento, que debe ser prolongado, existen varias opciones según el grado de la afección e incluyen antibióticos específicos, antiinflamatorios y, por supuesto, eliminación de aquellos hábitos susceptibles de irritar la próstata: comida picante, café, alcohol, conducir muchas horas o montar en bicicleta.

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