La desnutrición en los ancianos

Canal: Profesional

Aproximadamente el diez por ciento de la población anciana de nuestro país está malnutrida y esta cifra puede ser muy alta si se tiene en cuenta que en España hay casi siete millones de personas mayores de 65 años.

A esta desnutrición contribuye la dificultad de las personas mayores para masticar, deglutir y digerir los alimentos. A ello hay que añadir los problemas económicos, la depresión y el deterioro mental que sufren muchos mayores, como agravante de la situación.

Estas son razones suficientes a juicio de Enrique Hours, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, para poner en marcha una campaña informativa desde la oficina de farmacia. Comunicar y asesorar a las personas mayores sobre su correcta alimentación así como proporcionarles todos los elementos necesarios para conseguirlo, son los objetivos de la campaña.

“El farmacéutico puede contribuir a la atención integral del anciano mediante la vigilancia sobre interacciones que pudieran producirse entre medicamentos prescritos y nutrientes digeridos, si se conocen los alimentos que integran la alimentación de la persona mayor y se planifica una dieta adecuada y personalizada a cada caso”, dice Enrique Hours.

Para cumplir este objetivo el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, junto con los laboratorios Novartis Consumer Health, ha elaborado un manual titulado “Alimentación y Salud”, que incluye consejos nutricionales para la correcta alimentación, así como una ficha de seguimiento para que el farmacéutico pueda, desde la oficina de farmacia, efectuar un control periódico de los cambios registrados en los principales indicadores del estado de salud de las personas mayores, tales como cambios de peso, tensión, colesterol, azúcar, etc.

Malnutrición y enfermedad

De entre todas las implicaciones que sobre la salud del anciano tiene la mala alimentación, la enfermedad de Alzheimer es una de las patologías sobre las que más inciden los especialistas. En ella una buena alimentación es tan importante como la medicación. No menos importantes son la diabetes y la hipertensión, donde el control de la dieta se hace fundamental.

Los estudios realizados respecto a la nutrición en ancianos constatan que, en paralelo con el aumento de años, se produce una reducción del aporte calórico-proteico y se ingiere una cantidad de vitaminas y minerales por debajo de las recomendados. También se ha demostrado que a mayor deterioro cognitivo o mayor necesidad de ayuda para comer, la alimentación es peor.

Por todo ello, las sociedades médicas de endocrinología y gerontología inciden en que el anciano debe comer suficiente cantidad, alimentos variadas y de acuerdo con su tradición, además de beber mucha agua. Pero este control se dificulta en el caso de ancianos que viven solos y no quieren o no pueden ocuparse de la compra y manipulación de los alimentos.

Para estos casos y para los que tienen dificultades en la masticación se recomienda la alimentación básica adaptada, a base de purés o papillas que simplifican y aseguran la ingesta de los nutritentes básicos. Los laboratorios farmacéuticos que fabrican estos productos dietéticos se afanan en añadir variedad de sabores y combinaciones, pero la dificultad en el acceso a este tipo de alimentación radica en su precio, ya que estos complementos alimenticios no están financiados por la Seguridad Social.

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