La cuerna de los ciervos inspira una nueva teoría sobre la osteoporosis

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La pérdida de manganeso en los huesos podría favorecer que el calcio no se fije bien a ellos y ocasionar osteoporosis. Esta es la nueva teoría que plantean investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) a partir de observaciones de cuernas de ciervos. La hipótesis, cuyos detalles publica este mes la revista Frontiers of Bioscience, tiene que ser confirmada por la comunidad científica.

La cuerna de los ciervos inspira una nueva teoría sobre la osteoporosis

A partir de estudios con cuernas del ciervo, investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC, centro mixto UCLM-CSIC-JCCM) plantean que el origen de la osteoporosis podría no estar relacionado directamente con la carencia de calcio, sino con la de algún mineral esencial para que éste se fije. En concreto piensan que podría ser el manganeso, según una nueva teoría que publican en el último número de la revista Frontiers of Bioscience.

“Estudios previos sobre cuerna demostraron que el manganeso sirve para fijar el calcio, y nuestra hipótesis es que cuando el cuerpo humano absorbe menos manganeso o se envía desde el esqueleto hacia otros órganos que lo necesiten, como el cerebro, ocurre que el calcio que se extrae al mismo tiempo ya no se vuelve a fijar bien y se elimina por la orina”, explica Tomás Landete, vicedirector del IREC y uno de los investigadores del equipo. “De esta forma puede sobrevenir lentamente la osteoporosis”.

La teoría tiene que ser ahora validada con más estudios y ensayos médicos, pero sus creadores consideran que se trata de “un giro en una nueva dirección totalmente distinta a las consideradas hasta ahora en osteoporosis, al considerar la pérdida de calcio como la consecuencia y no como el origen de la enfermedad”.

La idea para la nueva propuesta partió del aumento espectacular de rupturas de cuernas que se produjo en España en 2005. Cuando los científicos las analizaron en detalle, comprobaron que la causa de su debilitamiento era una reducción del manganeso debido a la alimentación. Aquel año se produjo un frío intenso, lo que provocó que las plantas redujeran sus concentraciones de manganeso como respuesta al estrés.

“Las cuernas crecen transfiriendo el 20 por ciento del calcio del esqueleto hacia esta estructura, y entonces vimos que no fue la deficiencia de ese elemento la que produjo el debilitamiento, sino del manganeso”, aclara Landete. “Al faltar el manganeso era como si faltara el `pegamento’ que fija el calcio de los huesos en la cuerna”.

Relación con el Alzheimer y el Parkinson

En el caso de los humanos, los investigadores plantean que el manganeso se extrae del hueso cuando lo requieren órganos “más importantes”, como el cerebro. “Mantener los huesos es importante, pero lo es más sostener el funcionamiento del cerebro, que en reposo consume el 25 por ciento de la energía que tomamos”, comenta el investigador.

El equipo también apunta que cuando se agota este mineral esencial después de iniciarse la osteoporosis, podrían sobrevenir enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson o la demencia senil. Para probar su teoría, se analizaron los datos de 113 pacientes operados de osteoporosis y osteoartritis (desgaste del cartílago) en el Hospital de Hellín (Albacete) entre 2008 y 2009. Un 40 por ciento de los operados por osteoporosis presentaba algún tipo de disfunción cerebral, mientras en ninguno de los 68 pacientes operados por osteoartritis sucedía esto.

Además, el porcentaje aumentaba con la edad y sólo entre los pacientes con osteoporosis. El agotamiento de las reservas de manganeso podría estar detrás tanto de la enfermedad ósea como de la degeneración cerebral. “Estamos recogiendo huesos humanos para confirmarlo, pero estudios en ratas a las que se les ha inducido Alzheimer por intoxicación con aluminio, demuestran que a mayor grado de esta enfermedad, menos manganeso en los huesos”, dice Landete.

El investigador también recuerda que hay estudios que relacionan el manganeso con el Parkinson, y que demuestran que los astrocitos (el soporte de las neuronas) tienen enzimas específicas que requieren este elemento. En cualquier caso, los investigadores subrayan que su teoría “no es la solución final a estas enfermedades, sino solo un primer paso en una nueva dirección”, que ahora deberá validar y confirmar la comunidad científica.

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