Es necesario abordar el riesgo cardiovascular y gastrointestinal del paciente de manera coordinada

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Durante la VI Semana de las Enfermedades Digestivas, organizada en Sevilla por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) que celebra su LXX Congreso Anual, los expertos han analizado las novedades respecto a la protección gástrica del paciente de riesgo cardiovascular, dada la complejidad e importancia de esta situación.

Los pacientes con riesgo cardiovascular precisan tratamiento antiagregante plaquetario o anticoagulante que, de forma secundaria, incrementa el riesgo de padecer una enfermedad ulcerosa péptica. Ésta a su vez, constituye la principal causa de hemorragia digestiva alta, afección que supone el fallecimiento del 10 por ciento de los afectados.

La hemorragia digestiva alta es un sangrado originado en el tracto digestivo superior que constituye una de las urgencias gastroenterológicas más importantes por su frecuencia y gravedad. Actualmente en los pacientes con riesgo cardiovascular se vienen utilizando tratamientos profilácticos que incluyen antiagregantes plaquetarios (como la Aspirina y el clopidogrel) o fármacos anticoagulantes que se asocian con un aumento del riesgo de hemorragias digestivas.

Según ha declarado el doctor Carlos Martín de Argila, médico ajunto del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid durante la mesa Riesgo cardiovascular, AINEs y toxicidad gastrointestinal, recientemente se ha introducido una nueva familia de anticoagulantes orales que no precisan de un control tan estricto de los niveles de anticoagulación; sin embargo, un inconveniente de estos nuevos fármacos es que no se dispone del antídoto eficaz para contrarrestar su efecto anticoagulante en pacientes que presenten una hemorragia digestiva.

Inhibidores de la bomba de protones

En este punto, el Dr. Martín de Argila ha señalado que, hoy en día, la mejor protección gástrica para el paciente con riesgo cardiovascular que recibe un tratamiento antiagregante es la utilización de los Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP). Este tipo de tratamiento reduce de una forma muy eficaz la producción de ácido en el jugo gástrico, disminuyendo los riesgos gastrointestinales de esos fármacos y facilitando la cicatrización de las lesiones que puedan originar. Sin embargo, en pacientes con riesgo cardiovascular doblemente antiagregados (tratados simultáneamente con ácido acetil salicílico y clopidogrel) recientemente se han suscitado problemas para seguir esta recomendación, ante la sospecha de que los IBP pueden aumentar el riesgo de nuevos episodios de problemas cardiovasculares como consecuencia de que los IBP y clopidogrel comparten la misma vía de metabolización hepática.

En este sentido el Dr. Martín de Argila, señala que del análisis posthoc de los ensayos disponibles hasta el momento, no se desprende claramente que se produzca un incremento de accidentes vasculares en los pacientes tratados con doble antiagregación e IBP en comparación con los que no toman IBP. Por lo tanto, “parece razonable que los pacientes con un elevado riesgo de hemorragia gastrointestinal y que precisen doble antiagregación no deban ser privados de gastroprotección con un IBP; recomendándose en estos casos el empleo de aquellos IBP permitidos por las agencias estatales de los medicamentos” ha concluido Martín de Argila.

Asimismo, se ha transmitido que el protocolo de actuación ante los pacientes con riesgo cardiovascular y hemorragia digestiva ha de basarse en un enfoque global, en el que se valoren coordinadamente los riesgos gastroenterológicos y los riesgos cardiovasculares a los que puede verse expuesto el paciente. “Es necesario abordar el paciente de un modo conjunto, sopesando en cada supuesto el riesgo gastrointestinal y el riesgo cardiovascular y determinándose en cada caso la actuación que más beneficie al enfermo. En cualquier caso, la gastroprotección mediante fármacos que inhiban de un modo eficaz la secreción ácida gástrica es una pieza clave en estos pacientes”, ha finalizado el Dr. Martín de Argila.

Pruebas endoscópicas

Durante la reunión se han abordado también los riesgos de la realización de una endoscopia en pacientes que recientemente ha sufrido infarto agudo de miocardio y que presentan hemorragia digestiva alta, dado que la coexistencia de ambos suele ser una situación clínica a menudo frecuente.

Los expertos consideran la indiscutible utilidad del procedimiento endoscópico en localizar y lograr la hemostasia del punto sangrante, siempre y cuando su realización se realice tras una adecuada valoración conjunta, entre gastroenterólogo y cardiólogo, del riesgo/beneficio para el paciente de dicho procedimiento y siempre que la endoscopia se realice en las mejores condiciones de seguridad (unidad coronaria, monitorización estrecha, etc).

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