El dolor de espalda puede convertirse en crónico a partir de las dos semanas, según la Red Española de Investigadores en Dolencias de Espalda

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A partir de los 14 días y no a las seis semanas como hasta ahora se creía, un dolor de espalda se puede cronificar. Es la conclusión a la que ha llegado un nuevo estudio de la Red Española de Investigadores en Dolencias de Espalda (REIDE). Las conclusiones del estudio, publicado en la prestigiosa revista científica Spine, contradicen también creencias comunes como la recomendación del reposo en cama, la necesidad de utilizar un colchón muy duro o que la intensidad del dolor marque la gravedad del trastorno.

Ocho de cada diez españoles sufren dolor lumbar en algún momento de su vida, de los cuales el 20 por ciento se convierte en una dolencia crónica, según datos de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE). Estos pacientes sufren un peor pronóstico en su recuperación y una peor calidad de vida, además de constituir más de un 70 por ciento de los costes totales que genera esta dolencia a la Sanidad Pública. Este gasto, equivaldría a un 2,1 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) del país, según la REIDE.

La recomendación tradicional más extendida es que frente a un caso de dolor de espalda se debía esperar un plazo de seis semanas para iniciar los tratamientos contra el riesgo de cronificación. Sin embargo, un nuevo estudio efectuado por la REIDE -en colaboración con la Red Balear de Investigadores de Dolencias de España y la Fundación Kovacs – demuestra que “no hay que esperar más de 14 días para poder iniciar estas medidas y poder optimizar el resultado y la eficiencia de los recursos públicos”, expresan sus autores.

De este modo, a partir de las dos semanas se establecería la denominada fase “subaguda” en los pacientes, es decir, el momento adecuado para iniciar el tratamiento contra el riesgo de cronificación.

En el estudio de la REIDE han participado 366 pacientes con dolor lumbar agudo y más de 100 médicos de Atención Primaria de distintas comunidades Autónomas que han analizado los factores que inciden en la evolución y aumentan el riesgo de cronificación.

La intensidad del dolor no determina su evolución

Los hallazgos del estudio contradicen también la tradicional creencia de que la intensidad del dolor, cuando aparece, prediciría la gravedad de las limitaciones que provocará en el paciente, ni tampoco el futuro deterioro de su calidad de vida. Por el contrario, una duración de 14 días o más de la dolencia sí prediciría sus consecuencias, según sus conclusiones. Por tanto, es la duración del dolor y no la intensidad la que merma la calidad de vida y el riesgo de cronificación de las limitaciones en la vida diaria del paciente, concluyen los expertos de la REIDE.

Además, las conclusiones de esta investigación “echan por tierra creencias muy extendidas entre los especialistas y que, sin embargo, no habían sido investigadas con rigor hasta la fecha”, sostienen sus autores.

Por ejemplo, “se ha comprobado que el reposo en cama como medida paliativa es inútil e, incluso, perjudicial, así como el hecho de usar un colchón muy duro en lugar de uno de firmeza intermedia”, afirman sus autores.

“Todos estos aspectos ponen sobre la mesa la necesidad de fundamentar con rigurosos estudios científicos cada uno de los aspectos de las actuaciones médicas, con el fin de evitar decisiones que resulten contraproducentes para el paciente, objetivo fundamental de la REIDE y leit motiv de la Medicina Basada en la Evidencia“, rubrican los autores.

Siete de cada diez chicas han sufrido dolor de espalda

Casi el 51 por ciento de los chicos y el 70 por ciento de las chicas, de entre 13 y 15 años, confiesa que les ha dolido la espalda en algún momento de sus vidas, según datos de la REIDE. Por tanto, uno de los principales factores de riesgo es, como apunta el estudio, es ser mujer (con un 11 por ciento de posibilidades más de sufrir dolor respecto a los hombres). Otros factores de riesgo son practicar cualquier deporte a nivel competitivo -que aumentaría el riesgo un 23 por ciento-, y haber sido diagnosticado de una diferencia en la longitud de las piernas o de una escoliosis, con un incremento del riesgo del 26 por ciento y de un 187 por ciento, respectivamente.

Otro de los datos destacado por la REIDE es que todos los adolescentes entrevistados habían percibido las molestias en la cama, hecho que ha determinado que la investigación se esté centrando con mayor detenimiento en las características de la cama como factor determinante del desarrollo de un dolor crónico entre la población.

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