El aniversario más triste

Canal: Profesional

El SIDA se ha cobrado más de 20 millones de víctimas y acecha a 36 millones de enfermos en todo el mundo.

La enfermedad que ahora conocemos como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) se dio a conocer hace veinte años en la revista Morbidity and Mortality Weekly Report de Los Angeles, en Estados Unidos. Bajo el título Pneumocystis pneumonia se publicó este informe, que describía la neumonía por Neumocystis y que constituye el primer atisbo de reconocimiento del síndrome. Este artículo ni tan sólo tenía como tema principal la descripción de esta enfermedad, si no que hablaba sobre las infecciones que en general adquirían los turistas estadounidenses que volvían de viaje por la zona caribeña. Nadie podía imaginar la incidencia y la magnitud de lo que sería este síndrome, apenas descrito en este informe, veinte años después. En la actualidad han muerto a causa del SIDA más de 20 millones de personas en todo el mundo y otros 36 millones están enfermos.

Los primeros años: el caos y las teorías iniciales

Este artículo describía los casos de cinco jóvenes homosexuales que padecían una rara enfermedad, la neumonía por Neumocistys Carinii, aparte de otras infecciones bastante inusuales. En los cinco casos los individuos presentaban valores anormales de subgrupos linfocitarios y estaban infectados por citomegalovirus. A este informe le siguieron muchos más y en cuestión de pocos meses las bases de la epidemia estaban establecidas y definidas. En un principio se pensó que los únicos afectados eran los ciudadanos homosexuales, pero más adelante se reconocieron casos de infectados por transfusión de sangre, drogadictos, hemofílicos, mujeres que habían tenido contactos con personas infectadas y niños. Enseguida se definieron las infecciones oportunistas más comunes entre los que presentaban este, por entonces, raro síndrome, como infecciones micobacteriales, toxoplasmosis, infecciones fúngicas invasivas o sarcoma de Kaposi.

No tardaron en aparecer las primeras teorías sobre el porqué de la aparición de la enfermedad, que iba aumentando en número de casos. En un primer momento parecía claro que estaba causada por los Citomegalovirus. Los afectados por la nueva inmunodeficiencia tenían altos niveles de este virus, que era potencialmente inmunosupresivo. Una de las primeras teorías era que, por alguna razón, el Citomegalovirus había potenciado increíblemente su capacidad inmunosupresora y había multiplicado su virulencia. Pronto se desestimó esta aproximación.

Otra de las teorías iniciales fue la que atribuía la capacidad inmunosupresora a agentes externos como el Nitrito de Anilo (medicamento bajo prescripción médica) y el Nitrito Isobutilo (producto químico relacionado con algunos productos ambientadores), ambos utilizados como estimulantes sexuales. Pero se desestimó porque se reconocieron casos entre personas que no utilizaban estas substancias. Otra sofisticada teoría, también desechada, consideraba la posibilidad de que la exposición continuada con esperma ajeno pudiera desencadenar una respuesta inmunológica y las infecciones oportunistas consecuentes. También se barajó la posibilidad de una sobrecarga general del sistema inmunológico, una especie de batalla fisiológica que las defensas del organismo no podían ganar. Ajenas al mundo científico, no faltaron las teorías punitivas que definían esta enfermedad como castigo hacia el colectivo homosexual, los drogadictos o hacia todas aquellas personas con una vida sexual promiscua.

Pero la investigación siguió su curso orientada hacia una posible causa viral y se confirmó hasta llegar a aislar el virus actual, pese a la difícil aceptación que tuvo este descubrimiento entre algunos ambientes científicos. Las implicaciones que el virus del SIDA y su forma de contagio suponía era difícil de asimilar. Significaba una reforma total del sistema de bancos de sangre, una reestructuración de la seguridad de los profesionales de la salud, sin tener en cuenta el gran golpe a la salud pública y el impacto social que la enfermedad podía tener y que, de hecho, tuvo y sigue teniendo.

El aniversario más triste

El aniversario más triste (2): Los progresos

El aniversario más triste (3): El presente

¿Te ha parecido interesante? ¡Compártelo!

Recibe nuestro boletín semanal

*Al suscribirte estás aceptando las condiciones de uso y política de privacidad

Artículos recomendados

MedicinaTV no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios de esta web en sus comentarios, se reserva el derecho a publicar o eliminar los comentarios que considere oportunos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR