El aniversario más triste (2): Los progresos

Canal: Profesional

A mediados de los noventa aparecieron los inhibidores de la proteasa, avance que supuso una verdadera revolución en la mejora de la calidad de vida de los enfermos de SIDA.

Una vez el retrovirus se había aislado y reconocido como causante del SIDA, se empezaron a buscar agentes que actuaran con la transcriptasa inversa, la enzima imprescindible para transcribir RNA en DNA. Esta línea de investigación que contaba con el apoyo económico de diversas compañías farmacéuticas ha derivado hasta lo que hoy conocemos como la Terapia combinada. Así, en 1987 se reconoce el Zidovudina como el primer medicamento contra el SIDA, que tuvo varios detractores, sobre todo por parte de los enfermos, que afirmaban que tratamientos más económicos habían sido dejados de lado en las investigaciones para favorecer este fármaco más caro, y según los familiares de algunos enfermos, hasta tóxico, ya que se aseguró que algunos afectados que habían tomado este agente habían muerto. Los progresos que se dieron en los años posteriores a la aprobación de la Zidovudina fueron lentos y empeoraron las relaciones entre la comunidad afectada por el SIDA y el mundo científico, y más concretamente a los médicos que trataban directamente con el problema. En el terreno de la lucha contra las infecciones oportunistas derivadas de contraer el síndrome sí que se avanzó. Sobre todo, en la profilaxis contra la neumonía por Neumocistis Carinii y el Mycobacterium Avium.

A mediados de los noventa aparecieron los inhibidores de la proteasa, avance que supuso una verdadera revolución en la mejora de la calidad de vida de los enfermos, sobretodo en los del primer mundo. Los pacientes con infección crónica que fueron tratados con inhibidores de la proteasa experimentaron una bajada considerable en sus niveles de RNA del virus, reflejando un descenso en las réplicas de HIV, hasta de billones de copias diarias. También se observó un aumento del número de células CD4 que revelaba la capacidad de regeneración de este tipo de células. Estos dos puntos fueron los decisivos para que la comunidad científica continuase centrando los esfuerzos en la terapia antirretroviral.

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