El 25 por ciento de los pacientes con epilepsia presenta crisis a pesar del tratamiento farmacológico

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La epilepsia resistente se produce cuando un paciente con epilepsia presenta crisis a pesar del tratamiento farmacológico. La ausencia de una definición concreta y una homogeneización de los procesos de asistencia para estos pacientes lleva, en ocasiones, a que a aquellos pacientes que la sufren no se les aplique el tratamiento más idóneo durante muchos años.

Especialidades relacionadas: Neurología , Pediatría

Tanto es así que, en el Seminario Epilepsia Resistente a Fármaco organizado por GlaxoSmithKline en Barcelona en el marco de la reunión anual de la Sociedad Española de Neurología, el Dr. Juan Carlos Sánchez, especialista del Hospital Clínico San Cecilio de Granada, afirma que “hasta el 25 por ciento de los pacientes diagnosticados con epilepsia refractaria en realidad no sufren epilepsia, y sus síntomas están relacionados, en realidad, con otras patologías”. Por eso, una de las principales necesidades de los pacientes y los médicos pasaba por encontrar una definición válida y universal para la enfermedad, que delimitara en qué casos es real y en cuáles no, algo que recientemente ha hecho la International League Against Epilepsy (ILAE).

Además, señala el Dr. Sánchez, con los años “se ha ido produciendo en los profesionales dedicados al tratamiento de pacientes con epilepsia una visión negativa de la enfermedad cuando es refractaria, algo que ha llevado a realizar unas prácticas poco intervencionistas”. El experto explica que, en ocasiones, se han considerado como “poco tratables” a estos pacientes, también llamados epilépticos de difícil control, que en realidad sí son controlables “si se ajusta adecuadamente el tratamiento o si existe una indicación quirúrgica para su caso concreto”.

Nuevas estrategias terapéuticas para el tratamiento de la enfermedad

Durante el Seminario se han tratado también aquellos aspectos relativos a las estrategias terapéuticas empleadas en el tratamiento de la enfermedad. La Dra. Mar Carreño, responsable de la Unidad de Epilepsia del Servicio de Neurología del Hospital Clínic de Barcelona, señala que “los tratamientos farmacológicos, si son eficaces, pueden disminuir la frecuencia y la severidad de las crisis. Además, los fármacos antiepilépticos nuevos, en general, se toleran mejor que los antiguos”.

El Dr. Sánchez destaca la necesidad, por parte del Sistema Nacional de Salud, de contar, como mínimo, con entre 40 y 50 unidades médicas de epilepsia, a razón de una por millón de habitantes, y aproximadamente entre 20 y 25 unidades médico-quirúrgicas.

“Cuando un paciente presenta epilepsia resistente a fármacos, debe ser evaluado en una unidad de epilepsia con experiencia en cirugía, para comprobar si es candidato quirúrgico y los riesgos concretos asociados a dicha cirugía en su caso particular”, señala la experta. En caso de no ser un buen candidato quirúrgico, se pueden probar secuencialmente otros fármacos antiepilépticos, ya que un porcentaje significativo de pacientes puede alcanzar remisiones con nuevas medicinas.

La Dra. Carreño añade que “es importante que en estos pacientes que reciben varios fármacos antiepilépticos se utilicen combinaciones apropiadas para aumentar la efectividad y minimizar los efectos adversos”. En este sentido, en un futuro próximo saldrán al mercado varios fármacos antiepilépticos con mecanismos de acción novedosos. “Esperamos que combinar fármacos con diferentes mecanismos de acción pueda ayudar a aumentar la eficacia del tratamiento en pacientes con epilepsia resistente”, señala la experta.

Para aquellos pacientes que mantienen crisis a pesar de haber probado múltiples fármacos antiepilépticos, existen también otras alternativas como el estimulador vagal, la estimulación cerebral profunda -recientemente aprobada- o la dieta cetogénica, esta última empleada sobre todo en niños.

En este contexto, la definición de la ILAE permitirá aproximarse más a las necesidades de los pacientes, que pasan, según el Dr. Sánchez, por “evitar las comorbilidades con otras enfermedades y los efectos adversos de los distintos tratamientos utilizados, sean farmacológicos o de otro tipo”.

Una definición apropiada y necesaria

La nueva definición de la International League Against Epilepsy (ILAE) distingue al paciente de epilepsia resistente a fármacos como aquel en el que no se han controlado las crisis tras el tratamiento adecuado con dos fármacos antiepilépticos tolerados y adecuadamente elegidos y pautados (bien en monoterapia o en combinación) entendiendo como falta de control, cuando aparezcan crisis a lo largo de un año o las sufra en un tiempo inferior a tres veces el intervalo entre crisis que mostraba antes de iniciar el tratamiento.

El Dr. Sánchez opina que la nueva definición es de gran importancia porque, por fin, “un organismo internacional de esta envergadura se ha pronunciado en un tema como éste, que antes estaba mal definido y carecía de consenso”. La determinación conducirá, en última instancia y según el experto, a que los pacientes resistentes sean mejor atendidos.

La definición, que aúna posiciones de algunas anteriores, llevará a “la homogeneización de todos los especialistas en cuanto a estudios epidemiológicos y estudios clínicos con fármacos”. También permitirá conocer con exactitud qué porcentaje de la población epiléptica es resistente a los fármacos, ya que hasta el momento, y según los diferentes conceptos empleados, el porcentaje oscilaba entre el 13 y el 37 por ciento de los pacientes con epilepsia. Además de corregir la variabilidad de los datos de prevalencia, la nueva definición aprobada por la ILAE presenta la ventaja de “no tratarse de una definición estática, de la misma manera que un paciente puede ser sensible a los fármacos y pasar a ser refractario, y al revés. El concepto unívoco permite una adaptabilidad que antes no era posible”, afirma el experto.

Por el contrario, el especialista destaca que la definición presenta alguna pequeña deficiencia, que no le resta valor: “su relativa complejidad puede hacer que algunos clínicos no familiarizados con la enfermedad puedan tenerle cierta aversión”. Además, la definición, como es lógico, no contiene criterios subjetivos del paciente; las singularidades deben ser consideradas por el propio médico.

En conjunto, la homogeneización de los criterios de la enfermedad es para el Dr. Sánchez de gran utilidad porque actualmente, “en más del 60 por ciento de los casos, a los pacientes epilépticos no los tratan epileptólogos, sino otros médicos como neurólogos generales, neuropediatras generales, neurocirujanos o internistas”, y añade que “gracias a la nueva definición se va a conseguir que, cuando una persona con epilepsia no haya respondido a dos fármacos, sea remitido de inmediato a una unidad de epilepsia, para hacer un diagnóstico adecuado y aplicarle el tratamiento más certero, ya sea farmacológico o quirúrgico”.

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