Efectos del Ictus en la mujer

Canal: Profesional

Este año el Día Nacional del Ictus ha centrado su atención en los efectos de esta enfermedad sobre la mujer. El año pasado 22.367 españolas fallecieron a causa de un ictus, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Los expertos opinan que en pocas patologías las estadísticas disponibles resultan tan alarmantes como en el caso del infarto cerebral, ya que cada 14 minutos un español sufre un ictus.

El infarto cerebral es la primera causa de muerte en la mujer española, la segunda en el varón, la principal responsable de invalidez permanente en la edad adulta y el segundo motivo de demencias. En el caso de la mujer los expertos apuntan que esta enfermedad resulta mortal en uno de cada siete casos. Además advierten de que una mujer que padece un ictus tiene más posibilidades de morir o quedar con un déficit funcional mayor que un varón en la misma situación.

Los expertos señalan que esta mayor prevalencia del ictus entre las mujeres tiene una enorme repercusión social al ser ellas, casi siempre, el principal soporte familiar. La Sociedad Española de Neurología considera que, a pesar de la importancia de estos datos, existe un desconocimiento mayor en la mujer que en el varón acerca de los factores de riesgo, los síntomas y las principalmes medidas preventivas y terapéuticas.

¿Por qué se produce el ictus?

El ictus es un trastorno brusco de la circulación cerebral que altera la función de una determinada región del cerebro. Frecuentemente es la consecuencia final de la confluencia de una serie de circunstancias personales, ambientales o sociales, entre otras, que actúan como factores de riesgo.

El ictus se puede producir por una disminución importante del flujo sanguíneo que recibe una parte de nuestro cerebro, que sería el infarto cerebral, o por la rotura de una arteria cerebral que sangra en el interior del cerebro, que serían las hemorragias. A parte de la edad existen otros factores de riesgo como son la hipertensión arterial, arritmias cardíacas (fibrilación auricular) u otras enfermedades del corazón, diabetes mellitus, dislipemia (colesterol elevado), obesidad, sedentarismo, tabaquismo, consumo de alcohol excesivo o dietas inadecuadas.

El diagnóstico precoz del infarto cerebral

El ictus presenta una sintomatología difícil de reconocer en Atención Primaria. Este déficit en el diagnóstico clínico provoca que las consecuencias de esta enfermedad se agraven en muchos pacientes. Los enfermos tratados en las primeras seis horas recuperan antes sus funciones neurológicas y logran mayor supervivencia.

A diferencia del infarto de miocardio, cuya manifestación es más conocida, el ictus cerebral presenta una sintomatología más variada que retrasa la consulta de los pacientes a su médico de familia. El desconocimiento de los síntomas que alertan sobre un posible ictus es, para los expertos, uno de los principales problemas de la enfermedad. Pérdida de fuerza de medio cuerpo, dificultad para hablar o entender, pérdida brusca de visión por un ojo o dolor de cabeza intenso pueden ser las pistas que pongan sobre aviso al médico de atención primaria.

Posibles tratamientos

Los nuevos avances en neuroimagen permiten conocer mejor las características del flujo sanguíneo y determinar qué tejidos son recuperables y cuáles no. El tratamiento del ictus busca limitar el daño cerebral, recuperar las funciones dañadas del enfermo y prevenir un segundo accidente cerebrovascular.

Una de las terapias más prometedoras es la que intenta recanalizar las arterias que se habían obstruido, pero esta medida sólo tiene eficacia si el tratamiento se administra en las tres primeras horas desde la manifestación de los primeros síntomas. Para realizar diagnóstico precoz se están instaurando de forma progresiva en los hospitales españoles Unidades de Ictus. En estos centros lo primero que se hace es analizar los aspectos relacionados con la enfermedad, proporcionar cuidados generales y prevenir complicaciones, lo que provoca una mejor evolución del enfermo.

Además de frenar el daño cerebral el tratamiento intenta prevenir un segundo ictus. Los antiagregantes plaquetarios son junto con los anticoagulantes, cuando estén indicados, los fármacos esenciales para prevenir un segundo ictus. Los medicamentos para reducir el colesterol, conocidos como estatinas, pueden también funcionar como preventivos cuando existe un riesgo elevado de padecer ictus.

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