EE.UU da consejos más agresivos contra la hipercolesterolemia

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El Programa Nacional de Educación sobre Colesterol de Estados Unidos, el NCEP, ha cambiado sus consejos para la práctica clínica en la prevención y manejo de la hipercolesterolemia en adultos, cuya versión anterior databa de hace casi una década.

El Programa Nacional de Educación sobre Colesterol de Estados Unidos, el NCEP, ha cambiado sus consejos para la práctica clínica en la prevención y manejo de la hipercolesterolemia en adultos, cuya versión anterior databa de hace casi una década.

La nueva guía ha sido publicada en el Journal of the American Medical Association, y sus principales cambios son: un tratamiento reductor del colesterol más agresivo; mejor identificación de los pacientes con riesgo asociado de ataque de corazón; utilizar un perfil lipoproteínico como primer test de colesterol alto; un nuevo baremo para considerar cuándo el HDL bajo se considera factor de riesgo de enfermedad cardiovascular; una nueva pauta de cambios de estilo de vida terapéuticos que ayuden a mejorar los niveles de colesterol; una mayor observación sobre los factores de riesgo de la enfermedad coronaria conocida como “síndrome metabólico”; y por último incrementar la atención sobre el tratamiento de disminución de los triglicéridos.

Según el doctor Claude Lenfant, director del National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) norteamericano, “los americanos con alto riesgo de infarto coronario a menudo no son identificados”, algo que pretenden solucionar los nuevos consejos. Pues por ejemplo, como explica el propio doctor Lenfant, “ya hay estudios que concluyen que bajar el nivel de LDL, puede reducir más de un 40 por ciento el riesgo de enfermedad coronaria a corto plazo”.

Esta nueva guía también destaca la diabetes como uno de los factores más importantes que, asociado a un colesterol alto, multiplica el riesgo de infarto, por lo que recomienda que los diabéticos sean tratados agresivamente como pacientes coronarios, mediante cambios en sus estilos de vida y medicación.

Estas recomendaciones también incluyen el uso de una herramienta de predicción que permite conocer el riesgo de infarto que una persona puede tener en un término de 10 años. Está basada en un estudio de referencia, el Framingham Heart Study, y traduce las condiciones clínicas y factores de vida en una única y comprensible categoría de riesgo. Este método calcula de forma separada los riesgos para los hombres y las mujeres y se basa en la edad, el colesterol total, el nivel de HDL, la presión sanguínea sistólica, el tratamiento para la hipertensión, además de hábitos como el tabaquismo. Y permitirá “determinar el riesgo de infarto coronario mucho más precisamente que antes”, según el doctor Scott Grundy, uno de los autores de esta guía.

Según otro de sus coordinadores, el doctor James Cleeman, estos consejos tienen “el acierto de atacar el riesgo de ataque al corazón a corto y largo plazo”, pues se había descuidado el inicio de enfermedades cardiovasculares en los adolescentes y durante los primeros años de la edad adulta.

Las nuevas directrices presentadas por el NIH

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