Dos de cada veinticinco españoles de más de 55 años padecen isquemia crónica de miembros inferiores

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El ocho por ciento de la población española de más de 55 años padece Isquemia Crónica de Miembros Inferiores (ICMI). Es el principal dato preliminar del estudio ESTIME, el primero con carácter epidemiológico poblacional en España sobre la incidencia de la ICMI realizado con el aval de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV).

El perfil del paciente con ICMI es un varón mayor de 55 años, fumador y con sobrepeso y en la mitad de los casos esta enfermedad es asintomática, afirman los autores de este estudio. La ICMI se conoce popularmente como la enfermedad de los escaparates, ya que el dolor que provoca en las piernas obliga a la persona afectada a detenerse cada cierto tiempo. Esta necesidad se denomina claudicación intermitente y es el principal síntoma de la enfermedad.

Los pacientes con claudicación intermitente necesitan un abordaje preventivo, según la SEACV, que incluya el uso de antiagregantes plaquetarios y un estricto control de los factores de riesgo, ya que a los doce años la mitad de ellos habrá fallecido si no se adoptan las medidas oportunas.

“Hemos comprobado a través de este estudio que prácticamente la mitad de las personas con isquemia en los miembros inferiores desconocía su enfermedad” explica el doctor Ricardo Gesto, co-responsable del estudio ESTIME y jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del madrileño Hospital Universitario 12 de Octubre, un dato que resalta la necesidad de dar a conocer esta patología.

Incapacidad y mortalidad

En cuanto a la claudicación intermitente, en las primeras fases de la ICMI, la necesidad de pararse se produce tras andar grandes distancias. Pero con el tiempo aumentan las arterias obstruidas y progresivamente esas distancias se van acortando hasta que “llega un momento”, advierte el doctor Gesto, “en el que el paciente siente dolor incluso en reposo”. A partir de ahí el enfermo puede desarrollar lesiones isquémicas en forma de gangrena que pueden llegar a precisar la amputación de la extremidad.

Sobre la alta mortalidad asociada a la isquemia de miembros inferiores, otro de los responsables del ESTIME, el doctor Marc Cairols, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital de Bellvitge destaca que “la mitad de los pacientes con claudicación habrá fallecido pasados doce años”, mientras que si la isquemia es severa o crítica “el riesgo se eleva al 70 por ciento”.

Para subrayar la magnitud del problema, el doctor Cairols compara estas cifras con las de otras patologías que preocupan más a la población general cifrando la mortalidad relativa a los cinco años del cáncer de mama en un 15 por ciento y la del cáncer colorrectal en un 38 por ciento; mientras que en la isquemia severa o crítica es de un 44 por ciento.

A esta alta mortalidad se suma el hecho de tratarse de una enfermedad infradiagnosticada. No todas las personas incluidas en el estudio que, tras la prueba tobillo/brazo, presentaban un resultado inferior a 0,9 manifestaron claudicación intermitente. Incluso entre aquellos que sí tienen síntomas es frecuente encontrar pacientes, especialmente aquellos de más edad, que achacan estos dolores a su propio envejecimiento. Por ello, el doctor Gesto insta a dar a conocer la ICMI a la población general, informando sobre cómo prevenirla y controlarla: “es preciso que se conozcan los síntomas iniciales y que se sepa concederles la importancia que merecen, ya que su tratamiento temprano contribuirá a mejorar el pronóstico”, advierte este especialista.

El índice tobillo/brazo en los centros de salud

Según los responsables del estudio ESTIME, el verdadero potencial diagnóstico de la prueba tobillo/brazo reside en su empleo en atención primaria, pues son los médicos de familia los que están en mejores condiciones de detectar la ICMI en su fase temprana con esta prueba que no requiere más de cinco minutos.

Si al paciente se le diagnostica la enfermedad, aunque no manifieste síntomas, puede beneficiarse de un tratamiento preventivo que puede actuar, por un lado, sobre la enfermedad aterosclerótica con un tratamiento con antiagregantes plaquetarios, más un control de los factores de riesgo modificables como el colesterol o la hipertensión arterial. Según el doctor Cariols, “con estos dos elementos puede evitarse la enfermedad”, mientras que un tercer factor sería una revisión de los hábitos de vida, erradicando el consumo de alcohol, la mala alimentación y el sedentarismo.

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