Describen por primera vez alteraciones biológicas en el síndrome del intestino irritable

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Este hallazgo aleja a la enfermedad de la idea de trastorno funcional e incluso del origen psicológico que se le presuponía. Además, puede suponer el fundamento sobre el cual identificar dianas diagnósticas y terapéuticas específicas de la enfermedad.

Describen por primera vez alteraciones biológicas en el síndrome del intestino irritable
Especialidades relacionadas: Aparato Digestivo, General

Un equipo del grupo de investigación en Fisiología y Fisiopatología Digestiva del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) ha descrito, por primera vez, alteraciones moleculares en el síndrome del intestino irritable. Este hallazgo cambia radicalmente la visión que se tenía hasta ahora de una enfermedad considerada funcional y sin traducción biológica, por la visión de una entidad con alteraciones biológicas subyacentes a nivel del intestino. Esta descripción inicial de una alteración orgánica del síndrome del intestino irritable puede suponer, para empezar, una base sobre la cual identificar dianas diagnósticas y terapéuticas específicas de la enfermedad y, de esta manera, poder desarrollar marcadores útiles para el diagnóstico positivo y nuevas herramientas de tratamiento dirigidas al núcleo del problema. A medio plazo, este hallazgo va a suponer un gran avance respecto a los tratamientos sintomáticos que se usan en la actualidad.

Los resultados de este estudio, publicados en el American Journal of Gastroenterology y, ahora, destacados por Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, debido a las implicaciones y al cambio de paradigma que suponen para esta enfermedad, se centran en los siguientes aspectos: alteraciones distintivas de la normalidad en el perfil de los genes expresados en el intestino; mayor activación de células inmunológicas tales como el mastocito y señalización anómala entre células en el intestino delgado (concretamente en el yeyuno) de estos pacientes, alteraciones que se asocian a la gravedad de la sintomatología.

Un cambio de paradigma para el síndrome del intestino irritable

El síndrome del intestino irritable (conocido también como colon irritable) es la enfermedad gastrointestinal más frecuente en clínica, observada en el mundo occidental, pues afecta como media al 15% de la población adulta y representa, según los expertos, el 1-2% de todo el gasto sanitario. Su sintomatología incluye dolor abdominal crónico y recurrente, acompañado de alteraciones del ritmo intestinal que van desde el estreñimiento hasta la diarrea intermitente crónica, pasando, en el caso de algunos pacientes, por períodos alternantes de estreñimiento y diarrea. Esta sintomatología puede durar incluso varios años seguidos y afecta considerablemente la calidad de vida de estos pacientes. “Todos los datos hallados desde que empezamos a estudiar esta enfermedad, han ido dando forma a un nuevo enfoque diagnóstico. Hasta ahora, el diagnóstico se sustentaba, fundamentalmente, en la naturaleza crónica de los síntomas sin la existencia de signos evidentes de enfermedad orgánica”, puntualiza el Dr. Javier Santos, responsable del estudio.

Una base mecanicista sustituye a la hipótesis del origen psicológico y puramente funcional de la enfermedad

Gracias a estudios epidemiológicos previos, se ha identificado una predisposición a padecer este síndrome en aquellas personas con un elevado nivel de estrés psicológico, con una historia clínica de infecciones gastrointestinales o con la presencia de determinados factores genéticos. Estas características alteran una función fundamental del intestino para la protección frente al medio externo: la permeabilidad de la barrera intestinal. La alteración de esta función protectora facilitaría la entrada en el organismo de agentes patógenos y toxinas, predisponiendo al desarrollo de la enfermedad.

Este mismo grupo ya demostró que el exceso de estrés vital produce, entre otros problemas, una alteración en esta barrera intestinal, sobre todo en mujeres. En particular el cúmulo de situaciones vitales comunes (por ejemplo: muerte o enfermedad de familiares, situación económica angustiosa, problemas laborales o sentimentales) sufridas durante el último año, provoca respuestas anómalas en la mucosa del yeyuno que desequilibran la correcta regulación de su fisiología. ”Durante el último año, la situación de crisis ha agravado el estado de algunos pacientes o ha hecho que otros debutaran con síntomas”, explica el Dr. Santos. “En el estudio previo”, añade, “relacionamos el posible desarrollo de la enfermedad con respuestas hormonales y nerviosas debidas al estrés, sobre todo en mujeres sanas con predisposición genética, cuyo intestino mostró una respuesta defectuosa dominada por una menor secreción de agua y por un aumento significativo de la permeabilidad que, en consecuencia, reducía la capacidad del intestino para arrastrar los agentes exógenos nocivos”.

El actual trabajo va un paso más lejos e identifica un conjunto de alteraciones inmunológicas y moleculares distintivas en la barrera intestinal y el funcionamiento del sistema inmunológico del intestino. Concretamente, se ha establecido el papel clave de los mastocitos -unas células de defensa encargadas de eliminar y contrarrestar agresiones externas- y algunas vías implicadas en su activación y apoptosis o suicidio celular. Estos mastocitos desempeñan una función clave en la respuesta inflamatoria a este nivel. “El estudio ha correlacionado, de manera significativa, la menor expresión de proteínas estructurales y de los genes que las regulan, en una parte concreta del epitelio intestinal, con la mayor activación de los mastocitos presentes en el yeyuno. Además, todo ello también se asocia a la sintomatología del síndrome del intestino irritable, lo cual podría indicar que a mayor alteración estructural, mayor gravedad de la enfermedad”, concluye el Dr. Santos.

Para el responsable de la investigación, “con estos hallazgos, ahora el método diagnóstico deberá evolucionar positivamente. Estamos trabajando para poder traducir este descubrimiento en parámetros medibles en sangre periférica y en el desarrollo de biomarcadores y tener, así, un apoyo analítico que nos ayude en el diagnóstico, hasta ahora, fundamentalment clínico”. Mientras se buscan estas herramientas diagnósticas y ante una sintomatología que, a veces, necesita de un diagnóstico que descarte otros procesos, existe la opción de realizar una biopsia intestinal y buscar estas alteraciones biológicas en la mucosa del intestino de estos pacientes.

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