20 años de Encuestas Nacionales de Salud

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En los últimos años, diferentes cambios sociales han propiciado modificaciones en la salud de los españoles y en la forma en que éstos perciben su propio estado de salud. Las Encuestas Nacionales de Salud (ENS) llevadas a cabo por el Ministerio de Sanidad llevan veinte años dando cuenta de esos cambios y aportando una valiosa información en el ámbito socio sanitario.

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La información es “una pieza clave para la acción en salud pública. Las ENS son un elemento esencial para la identificación de las necesidades de salud de la población, lo cual constituye el primer paso para la planificación de las políticas sanitarias”, según el Dr. Ildefonso Hernández, director general de Salud Pública y Sanidad Exterior del Ministerio de Sanidad y Política Social.

Como resumen de esos veinte años, la Fundación Gaspar Casal, con la colaboración y apoyo institucional de la Fundación AstraZeneca, presenta el libro 20 años de Encuestas Nacionales de Salud que establece una comparativa entre los datos obtenidos en las diferentes encuestas realizadas desde 1987 en todo lo referente al estado de salud y salud percibida de los españoles.

Según indica el Dr. Juan del Llano, director de la Fundación Gaspar Casal y coordinador del libro, “a pesar de la creencia generalizada de que la salud está determinada fundamentalmente por la asistencia sanitaria, existen abundantes referencias que demuestran que dicha afirmación no es del todo exacta, ya que los factores sociales o económicos, la biología humana, el medio ambiente y los estilos de vida juegan un papel tanto o más importante que los propios servicios sanitarios”.

Federico Plaza, director general de la Fundación AstraZeneca, manifiesta el interés por este tipo de estudios que ayudan a comprender, debatir y proponer temas o tendencias para el Sistema Nacional de Salud, como han sido el de “Todo para todos y gratis” El establecimiento de prioridades para el SNS y ¿Estamos los ciudadanos satisfechos con el SNS?, valoración de los barómetros sanitarios, entre otros. El libro, que presentamos hoy recopila los principales indicadores de salud de los españoles y sirve a modo de estudio de aquellos aspectos a cambiar y aquellos factores a perpetuar e incentivar en la futura planificación de la sanidad y los hábitos de vida”.

Estado de salud

Las ENS tienen como uno de sus principales objetivos desvelar la percepción que los españoles tienen de su propia salud, que tiene que ver con las enfermedades padecidas, los estilos de vida y la autonomía funcional. La tasa de población que valora su estado positivamente ha decrecido desde 1987, debido básicamente al envejecimiento de la población; se estima que en España viven más de un millón de personas mayores de 85 años. La tasa de población masculina que se valora de forma positiva pasó del 77,9 por ciento en 1987 al 75,1 por ciento en 2006, mientras que la femenina se redujo casi el doble, pasando del 70 por ciento al 64,9 por ciento.

En este decrecimiento influyen las enfermedades crónicas, de las que en las últimas décadas se viene produciendo un aumento significativo. Actualmente, las muertes provocadas por estas patologías representan el 57 por ciento del total anual en el mundo, y se prevé que se incrementen un 23 por ciento en los próximos veinte años.

En este sentido, el asma es la enfermedad crónica con mayor prevalencia en la infancia; según los datos de 2006, un 5,3 por ciento de la población de 0 a 15 años la padece. La mayor prevalencia del asma y la bronquitis crónica se registra entre los varones de más edad; un 14,9 por ciento de los hombres de 65 a 74 años y un 19,9 por ciento de los de más de 75 la padece.

Los expertos han advertido que en el año 2025 la mitad de los adultos de los países desarrollados sufrirá hipertensión. Los varones registran desde 1987 un crecimiento de su tasa de hipertensos (94,6 por ciento, entre 1993 y 2006) que duplica al de las mujeres (47 por ciento, en el mismo periodo) en España.

En nuestro país, la enfermedad cardiovascular origina el 29 por ciento de las muertes en los varones y el 38 por ciento en las mujeres. Según numerosos ensayos clínicos, el riesgo puede reducirse alrededor de un 35 por ciento al disminuir los niveles de colesterol.

Los últimos datos de la Federación Internacional de Diabetes (IDF), indican que más de 285 millones de personas en todo el mundo viven actualmente con esa enfermedad y que esta cifra va a crecer hasta los 435 millones en 2030. La diabetes se cobra 4 millones de vidas cada año y es la causa principal de ceguera, enfermedad renal, ataques cardiacos, infartos y amputación. En España, su prevalencia se ha incrementado en un 47 por ciento durante el periodo 1993-2006.

Las ENS también recogen aspectos como la salud dental, la accidentalidad laboral y doméstica, las dificultades auditivas y visuales y la autonomía de los mayores, que definitivamente influyen en la percepción de la propia salud.

Las diferencias de ingresos siguen marcando enormes distancias en la salud dental de los españoles; las tasas de población que conserva toda la dentadura se duplican al pasar del grupo de menores ingresos al de mayor renta. La mayor conciencia sobre la importancia de la alimentación, la higiene bucodental y las políticas preventivas han contribuido a que entre 1995 y 2006 se haya reducido un 26,25 por ciento el número de personas con caries.

La accidentalidad es en España la tercera causa de muerte. Existe una importante asimetría en cuanto a la incidencia por sexo y edad, asociada con el grado de exposición a las causas y a los espacios de ocurrencia; los accidentes de tráfico y de trabajo afectan más a los varones, mientras que los domésticos y en la calle lo hacen a las mujeres. Su prevalencia ha pasado del 8,1 por ciento al 10,4 por ciento. La de los hombres se ha situado en un 11,2 por ciento, incrementándose en un 15,5 por ciento, mientras que la de las mujeres se establece en un 9,6 por ciento, con un crecimiento del 48,2 por ciento, lo que equivale a decir que la accidentalidad en la mujer crece al triple de velocidad que la de los hombres.

Las dificultades auditivas y visuales siguen tendencias contrarias; las primeras sufren un aumento de casos, íntegramente achacable a los varones, cuya tasa de población afectada pasa del 11,3 por ciento al 12,4 por ciento, mientras que la de las mujeres disminuye casi un punto, quedando en un 10,4 por ciento. En cambio, la tasa de afectados por problemas de vista registra una tendencia reduccionista; las diferencias entre tasas de afectados por problemas de vista son entre 2,5 y 4,5 puntos superiores en las mujeres que en los hombres, situándose el porcentaje total con dificultades visuales en un 5,2 por ciento.

Una de las consecuencias directas del envejecimiento de la población es el incremento de la tasa de población con pérdida o disminución de su autonomía funcional; actualmente la mitad de la población mayor de 64 años precisa algún tipo de ayuda. Las rentas más bajas se encuentran más penalizadas por esta falta de autonomía funcional. Entre 1997 y 2006, la tasa de dependencia para la movilidad en mayores de 64 años creció un 20 por ciento.

Estilos de vida y prácticas preventivas

Los estilos de vida influyen en el estado general de salud; la alimentación, el tabaquismo y el consumo de alcohol condicionan la aparición de ciertas enfermedades.

Se prevé que entre un 60 por ciento y un 70 por ciento de las muertes por enfermedades crónicas que se produzcan en 2020 estarán relacionadas con el estilo de vida. Las dietas desequilibradas y la falta de ejercicio físico matan más que el tabaco en la actualidad en Estados Unidos; este modelo se repetirá en Europa y en los países árabes dentro de poco tiempo. En España, el 32,2 por ciento de las muertes se deben ya a enfermedades cardiovasculares, que tienen en el sedentarismo, el tabaco y el aumento de la obesidad factores determinantes.

El tabaquismo es la primera causa evitable de muerte en España; ocasiona más de 50.000 muertos anuales (más de 1.000 muertes semanales); ninguna otra enfermedad ocasiona tanta mortalidad. La tendencia a la disminución del consumo es más arraigada en los varones. Desde 1987 la tasa de hombres fumadores ha descendido en un 35,9 por ciento, mientras que la de las mujeres ha crecido un 4,4 por ciento. Ambas tasas se encuentran actualmente en descenso, pero mientras la de los varones disminuye desde hace veinte años, la de las mujeres lo hace solo desde menos de diez.

En cuanto al alcohol, se estima que su uso nocivo causó 2,3 millones de muertes prematuras en el mundo en 2002 (un 3,7 por ciento de la mortalidad mundial). Resultan significativas las diferencias de consumo entre sexos; si hace veinte años la tasa de hombres casi duplicaba la de mujeres; en 1993, la tasa de bebedoras representaba un 45,6 por ciento y en 2006 suponía ya el 59,5 por ciento del total.

En conjunto, la población está cada vez más concienciada de los efectos negativos que arrastra el sedentarismo. Sin embargo, resulta preocupante que la inactividad de la población entre 16 y 24 años aumenta ligeramente con respecto a la cifra de 1993.

Las tasas de sobrepeso y obesidad suponen un importante indicador de la condición física y alimenticia de los españoles. Entre 1987 y 2006, la tasa total de adultos con sobrepeso ha pasado de un 32,3 por ciento a un 37,1 por ciento; siendo la evolución de las tasas de sobrepeso en la población infantil y adolescente similar. Cabe destacar la evolución de las mujeres entre 15 y 17 años, cuya tasa de sobrepeso se ha triplicado, pasando de un 5,26 por ciento a un 14,32 por ciento, en el transcurso de los 20 años. Según se acercan más a la adolescencia, las tasas de sobrepeso son cada vez más elevadas.

Se estima que la obesidad causa en nuestro país cerca de 30.000 muertes prematuras al año, con un coste que supone ya más del 7 por ciento del gasto sanitario total. Su tasa de prevalencia se ha duplicado en los últimos veinte años, pasando del 7,4 por ciento de 1987 al 15,4 por ciento de 2006. El dato más negativo es que los mayores crecimientos por edad se registran en las edades más jóvenes. Así, el incremento de las tasas de obesidad infantil es muy moderado comparado con el observado en adultos, situándose en un 2,1 por ciento, debido al efecto compensatorio del descenso de la tasa de obesidad en los más pequeños (dos a cuatro años). Con ello contrasta el importante crecimiento que registra su presencia en los adolescentes de 15 a 17 años, especialmente en las mujeres.

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